Rebelión en la granja - George Orwell


Libro leído y reseña escrita en mayo de 2026. 


«El señor Jones, de la Granja Solariega, había echado llave a los gallineros antes de irse a dormir, pero estaba tan borracho que se había olvidado de cerrar las trampillas. Haciendo bailar de un lado a otro el anillo de luz del farol, se tambaleó por el patio, se quitó las botas junto a la puerta trasera, se sirvió un último vaso de cerveza del barril de la trascocina y subió a la cama, donde ya roncaba la señora Jones.
En cuanto se apagó la luz del dormitorio se produjo un revuelo que recorrió todos los edificios de la granja. Durante el día había circulado la noticia de que el Viejo Comandante, el premiado verraco blanco mediano, había tenido un sueño extraño la noche anterior y deseaba comunicarlo a los demás animales. Habían acordado reunirse todos en el establo principal en cuanto tuvieran la certeza de que se había marchado el señor Jones. El Viejo Comandante (así lo llamaban siempre, aunque para exponerlo habían usado el nombre el Encanto de Willingdon) era tan respetado en la granja que todo el mundo estaba dispuesto a perder una hora de sueño para oír sus palabras».
Y las palabras que oyeron cantaban sueños de libertad, anunciaban el fin de la opresión, proclamaban una vida mejor y más justa libre del yugo humano, les exhortaba a la unión y a la lucha. Las escucharon con admiración y respeto. Algunos sin comprenderlas del todo, pero convencidos de su tino por provenir de quien provenía; otros, como los cerdos, considerados los más inteligentes de entre los animales, asumiendo el deber de ponerlas en prácticas. Y así fue como el Viejo Comandante, ya con los días contados, sembró aquella noche el germen de la rebelión en la por entonces Granja Solariega del señor Jones.

El germen de Rebelión en la granja en George Orwell, en cambio, lo sembró probablemente el desencanto sufrido durante su participación en la Guerra Civil Española. Contó el autor que «A mi regreso de España me propuse denunciar el mito soviético en un relato que pudiese entender casi cualquiera y que pudiera traducirse fácilmente a otros idiomas», y vaya sí lo consiguió. 

Rebelión en la granja es un relato sencillo. En la biblio tenemos una de sus ediciones —la bellísima de Libros del Zorro Rojo ilustrada por Ralph Steadman— en la sección juvenil de la sala infantil. Y es que esta historia puede leerse como una fábula que comienza con un aparente tinte animalista, pero que también termina en erigirse en un manual de manipulación, de propaganda y corrupción y de incubación de un peligroso sentimiento de pertenencia. Arranca con el mismo fragmento con el que he querido iniciar esta reseña y nos conduce con sumo placer y deleite por unas páginas aderezadas con ligeros toques de humor, pero con cuyo avance se nos va instalando la indignación y una tristeza que termina por conmovernos. Personajes como el bueno de Boxer o el cínico de Benjamín son en buena medida responsables de ello.

Boxer es un caballo noble y un incansable trabajador. Benjamín es un viejo burro que está de vuelta de todo. Y están las dóciles y mansas ovejas. Y... Y también están los cerdos. Y un par de ellos recuerdan en exceso a Trotski y a Stalin (por qué no hay un cerdo que represente a Lenin es algo a lo que no sé responder). Y, así, a poco que se tengan unas básicas nociones de historia o incluso de cultura general, esta sencilla historia resulta también una genial sátira alegórica sobre la Revolución Rusa de 1917 y el estalinismo en la que su autor deja patente su gran lucidez y profunda agudeza. La lucha de clases deriva en la instalación de un nuevo (o viejo) sistema de clases, solo que en vez de gritar un el tirano ha muerto, viva el tirano, se proclama un «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros».

Pero Rebelión en la granja no es solo un libro de doble lectura, sino uno de esos libros que tienen su propia historia más allá de la contenida en sus páginas.

George Orwell lo escribió durante la Segunda Guerra Mundial. Acababa de establecerse por entonces una imprevista alianza entre Stalin y el Imperio Británico y, por tanto, cualquier amago de ataque o crítica hacia el régimen soviético, por sutil que fuera, era no solo obviada sino invisibilizada (y no solo a nivel político, sino a nivel periodístico e intelectual). Ello supuso una oposición a la publicación de Rebelión en la granja. Orwell llegó a escribir al respecto un artículo titulado La libertad de prensa con instrucciones de que debía incluirse como introducción al texto, pero que no se descubrió ni imprimió hasta 1972.

Todo esto lo cuenta Chrisopher Hitchens junto con la historia de la publicación de Rebelión en la granja, así como las diferentes muestras de la eterna vigencia de esta historia. Lo cuenta en un epílogo incluido en la edición de Debolsillo, la cual contiene también La libertad de prensa como prefacio. Y, por si alguien se lo está preguntando, no, no he leído ambas ediciones. Lo que he hecho en su lugar es tomar lo mejor de cada una y hacerme mi particular edición alternativa. 

Me despido con una cita de La libertad de prensa y con la impresión de no haber sabido transmitir lo muchísimo que he disfrutado de esta lectura y la maravilla que es este pequeño gran libro.
«Es posible que, cuando se publique este libro [Rebelión en la granja], mis puntos de vista sobre el régimen soviético se hayan generalizado. Pero ¿y qué? Cambiar una ortodoxia por otra no supone necesariamente un avance. El enemigo es la mentalidad de gramófono, tanto si a uno le gusta el disco que está sonando en ese momento como si no».





Ficha del libro:
Título: Rebelión en la granja
Autor: George Orwell
Traductor: Marcial Souto
Prefacio de: ... / George Orwell
Epílogo de: ... / Christopher Hitchens (2010)
Ilustrador: Ralph Steadman / ...
Editorial: Libros del Zorro Rojo / Debolsillo
Año de publicación: 2010 / 2013 (1945)
Nº de páginas: 160 / 144
ISBN: 978-84-92412-77-8 / 978-84-9989-095-1





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