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La avería - Friedrich Dürrenmatt

«[...] sin embargo, sí había cometido un asesinato, sin duda no por un propósito diabólico, no, sino porque se había supeditado a la irreflexión que reinaba en el mundo en el que vivía ahora el representante general de la fibra sintética hefaiston. Había matado porque para él lo más natural era arrinconar a alguien, proceder con desconsideración pasase lo que pasase. En el mundo que él recorría a toda pastilla con su Studebaker no le habría sucedido nada a su querido Alfredo, no habría podido sucederle nada; ahora bien, había tenido la fortuna de ir a parar donde ellos, a su silenciosa casa blanca [...], había aterrizado donde cuatro ancianos habían arrojado luz a su mundo con el rayo puro de la justicia que iba acompañada por su séquito [...]». Tuvo la fortuna (o desfortuna) Alfredo Traps de ir a parar a esa silenciosa casa blanca, de que su flamante Studebaker lo dejara tirado de regreso a casa de uno de sus numerosos viajes como representante general de una empresa textil que era. P

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