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Un verdor terrible - Benjamín Labatut

Durante un permiso de dos días en el cual su marido había regresado a casa, a punto de finalizar la fiesta a la que este había invitado a sus amigos para homenajearse, Clara Immerwahr, primera mujer en recibir un doctorado en química de una universidad alemana, cogió el revolver de su marido, salió al jardín y se disparó mortalmente en el pecho. Lo que celebraba su esposo, el también químico Fritz Haber, era su reciente éxito en Ypres, Bélgica. Allí, el 22 de abril de 1915, se había producido el primer ataque de gas de la historia. Fritz Haber fue el creador de esa arma de destrucción masiva. Su esposa, que había trabajado con él antes de la guerra en su laboratorio y había sido testigo en el mismo de la accidental y a la vez cruel muerte de uno de los ayudantes, le echó en cara que hubiera pervertido la ciencia al crear un método de exterminio masivo de seres humanos (y no solo humanos, pues tras el avance del gas ningún ser vivo quedaba con vida). Haber le quitó importancia a esta re

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