Bestiario - Julio Cortázar

Aviso: esto no es una vuelta; o al menos no es una vuelta al uso. Tan solo es un intento de que no se pierdan, de que no se olviden las lecturas que —finalmente y contradiciéndome a mí misma— han ido cayendo a cuentagotas desde que me ausenté allá por finales de mayo de 2025. He ido escribiendo alguna cosa sobre ellas e iré distanciando su publicación durante un tiempo indefinido. Pero prácticamente todo mi tiempo libre está consagrado al estudio, así que seguiré sin visitar los blogs amigos, así como ausente de las redes sociales.

Leí este libro ya no recuerdo si en septiembre o en octubre de 2025 (tal vez entre ambos meses). Escribo el borrador de esta entrada en octubre de ese mismo año. No sé cuándo cuando verá la luz.


Llevaba queriendo leer Casa tomada desde la publicación de mi reseña de Reunión y otros relatos, allá por noviembre de 2019. Ante la manifestación de mi entusiasmo por los cuentos de Julio Cortázar —especialmente por El perseguidor— fueron varios los lectores que me comentaron lo que les había impresionado su cuento Casa tomada, y con la copla me quedé. A esta apetencia del argentino sumé años más tarde —a raíz de mi lectura de Montevideo de Vila-MatasLa puerta condenada e Historia con migalas. Pensando en un libro de relatos para leer, los tres volvieron a mi memoria, aunque, por no forman parte de un mismo volumen, lamentablemente solo he dado cuenta de uno. Por seguir un orden, me decanté por Casa tomada, que abre, además, el primer libro de cuentos publicado por Julio Cortázar, del cual me dispongo a hablaros. Ya os adelanto que ninguno de ellos me ha flipado tanto como en su día lo hizo El perseguidor, pero las inquietantes historias contenidas en las páginas de Bestiario y esos umbrales entre lo cotidiano y lo fantástico en los que el autor de Rayuela acostumbra a situar a sus lectores, bien merece que le dedique unas líneas a cada una de ellas. Vamos allá.

Casa tomada

Un cuento inquietante. De esos relatos cuyo significado no se llega a aprehender, pero que, inconscientemente, se comprenden. Las casas son organismos vivos que nos fagocitan o nos regurgitan (si es que no ambas cosas a la vez). Como muestra, la de este cuento y las de algunos de Patricia Esteban Erlés, otra estupenda cuentista de quien me he acordado leyendo Casa tomada.

Carta a una señorita en París

Me parece hermosa la imagen: regurgitar conejitos. Qué queréis, me ha dado por el verbo. Pero si pienso en el revoltijo ácido y nauseabundo que se acostumbra a vomitar, cómo no me va a parecer adorable expulsar lo que se me antoja una bolita peluda y blanca, una pelusilla suave y algodonosa. Claro que las criaturitas crecen. Crecen y se multiplican. O se multiplican los vómitos, más bien, Y yo me acuerdo de las gallinas de un cuento de Ana Blandiana. Y el joven hombre de los conejitos no sabe ya qué hacer con ellos ni cómo ocultarlos. Y París es hermoso. Y París me parece aún más hermoso cuando llueve o quizás porque llueve. Y en mi mente se materializa un piso antiguo de techos altos y muebles y ornamentos decimonónicos, una imagen de cuento con simpáticos conejitos blancos por doquier. Pero probablemente tal lugar sea bastante más rancio, decadente y deprimente que lo que mi imaginación acierta a recrear. Y qué le voy a hacer si Julio Cortázar obra esa magia. Qué, si aun con un final tan terrible como el de esta Carta a una señorita de París, consigo conciliar este con la belleza que aún sigue rondando por mi mente.

Lejana: Diario de Alina Reyes 

«Porque a mí, a la lejana, no la quieren. Es la parte que no quieren [...]». Pero yo sí la quiero. Cómo no la voy a querer si ni ella misma se quiere. Si se maltrata al permitir el maltrato, al pensar que lo merece, al casi ansiarlo, al desearlo tanto como lo aborrece. «[...] a mí me han de castigar allá, pero quién sabe si es un hombre, una madre furiosa, una soledad». La otra Alina. La Alina niña, la Alina joven, la Alina terrible tontamente romántica y fantasiosa. La Alina oscura, la Alina lejana, reina de hielo y nieve e imposible anagrama. La del otro lado del agua, allá según cruzas el espejo. La Alina hermana de mi Unica Zürn. Abrázate y córtate, Alina, la lejana en ti o solo tú.

Ómnibus

Estoy escribiendo este borrador un uno de noviembre, y hay que ver qué propicio este cuento para un día de muertos. Qué sí, que ya sé que esa celebración es mexicana y que yo soy española y Cortázar era argentino. Pero que me gusta el nombre y me gusta la memoria a los muertos, su encuentro con los vivos y me gusta este relato. Que me confunde al principio, pero luego ya me ubico mientras mi imaginación se pierde y hace florecer el bus. Que si lo pudiera ilustrar, la imagen de este cuento sería un autobús hippy de ventanillas rebosantes de pétalos coloridos. Pero hay que ver, en cambio, qué ambiente tan inquietante y qué pasajeros tan extraños. Todo es acecho y rechazo. Y a ver en qué momento mi imaginación me transporta a un tren subterráneo descontrolado amenazando con descarrilar cuando en el cuento sigo estando en el ómnibus. Y ese conductor y revisor tan de peli de Tim Burton. Y la chica y el chico, tan tiernos y monos ellos agarrados de la mano. De viaje de los horrores paso a parque de atracciones, que en el cuento no es tal, pero en mi imaginación es ambiente limpio de agradable brisa, alegre bullicio de niños y promesa a algodón de azúcar. Y qué final tan terrenal. Qué final tan de complejos y contradictorios que somos los vivos. Qué final tan tan tan, tan cómo me ha gustado este cuento.

Cefalea

Cortázar en estado puro. Cortázar en estado puro en cuanto a invención de criaturas y vocablos, porque hay otros Cortázar en estado puro que no desmerecen para nada ante esta faceta y que, en ocasiones, incluso me gustan más. Cefalea es un relato que sigo argumentalmente, pero que me resulta confuso y no sé cómo interpretar. Esto último, que en otras lecturas no me importa, en este caso me deja bastante fría. El cuento me regala sensaciones muy bien descritas que le dan un ambiente un tanto asfixiante, pero en ningún momento consigo entrar en él.

Circe

En todos los cuentos de este libro voy entrando poco a poco, pero en Circe la inmersión es absoluta nada más comenzarlo. Está contado como si de una narración oral se tratara, una mezcla de recuerdo y supersticiones de esas que pasan de boca en boca y de generación a generación y se integran a la historia de un lugar para formar parte de su mitología y leyenda sirviendo así de admonición y advertencia. O, más bien, así lo siento yo. Es un cuento inquietante, absolutamente fascinante. Una historia deliciosa por lo sensorial de su prosa que ni siquiera cierto punto crítico que debería asquear consigue empañar. Me ha atrapado completamente y es una de las piezas de este libro que más me han gustado.

Las puertas del cielo

Solo por el pasaje sobre aquellos a los que el narrador de este cuento se refiere como monstruos, y que no son tales, ya merecería ser leído Las puertas del cielo, pero hay mucho más. Es un relato en el que Cortázar hace eso que tanto me gusta que haga: cruzar el aquí y el allá, abrir la puerta por un instante a otra realidad, dejar pasar por un resquicio ese instante de lucidez que nos permite saber con mayúsculas. Tardo en darme cuenta de que ya había leído este cuento, creo que lo mismo que tardo en acomodarme en él. Es el primero de Reunión y otros cuentos. Me ha gustado más esta segunda vez.

Bestiario

Me gustan los niños y niñas terribles de la literatura, con esa inocencia absoluta que es más huracán que candor; la Frankie de Carson McCullers, la Merricat de Shirley Jackson, la Musia que fue Marina Tsvietáieva o que ella me cuenta que fue. Vaya, ahora que me doy cuenta, todas son niñas. También lo es la protagonista de Bestiario y es probable que ello haya influido en el hecho de que este sea otro de mis cuentos favoritos de este libro. El caso es que no he podido dejar de imaginarme a esa chiquilla ataviada con una caperuza roja. Creo que es por una foto con la que ilustré mi reseña del único libro de Cristina Fernández Cubas que he leído hasta la fecha, otra fantástica cuentista que algún maravilloso personaje-niña me ha regalado y a la que debería volver a leer. Volviendo a Bestiario, su final, que lo es también de este libro, es de una terrible justicia poética.

Bestiario (el libro, no el cuento que le da título) es un muestrario de las bestias que llevamos dentro. Las bestias que son nuestros miedos, anhelos, inquietudes, aquello que nos perturba y que no entendemos. Las bestias ocultas que nos definen.




Ficha del libro:
Título: Bestiario
Autor: Julio Cortázar
Editorial: Debolsillo
Año de publicación: 2016 (1951)
Nº de páginas: 136
ISBN: 978-84-663-3184-5
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