Orbital - Samantha Harvey
Aviso: esto no es una vuelta; o al menos no es una vuelta al uso. Tan solo es un intento de que no se pierdan, de que no se olviden las lecturas que —finalmente y contradiciéndome a mí misma— han ido cayendo a cuentagotas desde que me ausenté allá por finales de mayo de 2025. He ido escribiendo alguna cosa sobre ellas e iré distanciando su publicación durante un tiempo indefinido. Pero prácticamente todo mi tiempo libre está consagrado al estudio, así que seguiré sin visitar los blogs amigos, así como ausente de las redes sociales.
Leí este libro en octubre de 2025. Escribo el borrador de esta entrada en noviembre de ese mismo año. No sé cuándo cuando verá la luz.
Son seis astronautas, diría; pero no, voy a decir que son seis viajeros del espacio, que son cuatro astronautas y dos cosmonautas. Son un americano (estadounidense, se sobrentiende), una japonesa, una británica y un italiano. Son un ruso y otro ruso. No hay ningún taikonauta porque no hay ningún chino. No hay ningún espacionauta porque... En fin, allá arriba toda esta sinonimia política no importa mucho. Allá arriba los seis son familia. Si, por un casual, existiera vida en otros planetas; si por un casual, algún alienígena tuviera noticia de estos seis, para él serían tan solo terrícolas, si es que acaso no tuviera otro gentilicio para nosotros. En fin, estoy divagando. En fin, en esta novela no hay extraterrestres. Este no es un libro de ciencia ficción.
Son dieciséis vueltas alrededor de la Tierra. Son dieciséis órbitas alrededor de nuestro planeta las que recorre al día la nave espacial en la que se encuentran nuestros seis astronautas y dieciséis son también, por tanto, las que da ese día que es esta novela de Samantha Harvey.
Y no es solo una transición continua de amaneceres y atardeceres, sino también de paisajes, sensaciones, explosiones de colores; de pensamientos, reflexiones y recuerdos de sus protagonistas.
Y es una prosa maravillosa, la de la autora. Es una prosa luminosa, fluida, que hilvana palabras en una cadencia que es un flujo que me lleva sinuosa por una órbita infinita. Es abrazo, es refugio, es vientre materno que me acuna en líquido amniótico y me susura en ultrasonidos los secretos ocultos por sobrexpuestos de una Tierra convertida en espacio exterior.
Es británica, Samantha Harvey. Es británica, pero yo la siento francesa. Supongo que porque me recuerda a Mailys de Kerangal. Supongo que por su prosa detallista y acumulativa, que no sobrecargada. Es melodía, es sinfonía. Y también supongo que es por su coda final por la que me acuerdo de El arquitecto, que es música y espacio, y de Mircea Cărtărescu, que es el rey de la acumulación, es decir, del todo.
Es belleza. Orbital es belleza. Es la belleza de lo grande, de lo inmenso, de lo inabarcable e inconmensurable. Es la belleza de lo pequeño, de lo minúsculo, de lo efímero, instantáneo e insignificante. Y me conmueve. Porque la belleza me conmueve. Me conmueve la grandiosidad de la humanidad, su magnificencia. Me conmueve la patética vanidad de los seres que la componemos, nuestra necesidad de ni sabemos qué.
Es no saber estarnos quietos y no tener dónde recostar la cabeza.
Es muchas cosas, pero, para mí, esta lectura ha sido, fundamentalmente, un canto de amor a la Tierra. A la Tierra como casa. A esa Tierra que, de existir una amenaza alienígena (o de crearnos nosotros una), nos hermanaría ante el enemigo común, pero también crearía una nueva y artificiosa frontera entre los no terrícolas y nosotros. Pero vuelvo a divagar. En este libro no hay extraterrestres. Esta no es una novela de ciencia ficción. Es solo que no tengo dónde recostar la cabeza. Menos mal que hay libros almohada que permiten descansar a la par que orbitar.
Más libros de Samantha Harvey, por favor.
«Se les advirtió cuando se preparaban sobre el problema de la disonancia. Se les advirtió sobre lo que iba a ocurrirles como consecuencia de la reiterada exposición a esta Tierra sin soluciones de continuidad. Veréis, les dijeron, su plenitud, la ausencia de fronteras salvo aquellas que separan el mar de la tierra. No veréis los países, solo un orbe indivisible que gira sin cesar y no conoce la posibilidad de la separación, ni, desde luego, la de la guerra. Y os sentiréis arrastrados en dos direcciones al mismo tiempo. Euforia y angustia, éxtasis y depresión, ternura y rabia, esperanza y desesperación. Porque, por supuesto, sabéis que la guerra abunda y que las fronteras son algo por lo que la gente mata y muere. Mientras estéis ahí arriba veréis quizá un pliegue pequeño y distante en la Tierra que os sugiera una cadena montañosa, o quizá una veta que os recuerde a un gran río, pero ahí acaba la cosa. No veréis muros ni barreras, no veréis tribus, ni guerras, ni corrupción, ni ningún motivo para tener miedo.Y pronto, en todos ellos, arraiga un deseo. Es el deseo, no, la necesidad (alimentada por el fervor) de proteger esa Tierra enorme y sin embargo diminuta. Esa cosa cargada de una belleza tan milagrosa y bizarra. Esa cosa que, dada la escasa gama de alternativas, es inequívocamente su hogar. Un lugar sin límites, una joya suspendida en el vacío, dotada de un brillo asombroso. ¿Por qué no pueden los seres humanos encontrar la paz en sus relaciones entre sí? ¿Por qué no la encuentran con la Tierra? No es un deseo bondadoso, sino una exigencia indignada. ¿Por qué no podemos parar de tiranizar, destruir, saquear y dilapidar lo único que nos sostiene con vida? Pero luego oyen las noticias, y saben qué vidas han tenido, y las esperanzas que albergan no los convierten en unos ingenuos. ¿Qué hacer, entonces? ¿Qué medidas tomar? ¿Y de qué sirven las palabras? Son seres humanos con una visión divina: ese es el milagro, pero también la condena».
Ficha del libro:
Título: Orbital
Autora: Samantha Harvey
Traductor: Albert Fuentes
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 2025 (2023)
Nº de páginas: 200
ISBN: 978-84-339-2969-3
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