Corazón tan blanco - Javier Marías

"No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados."
Así arranca una novela que casi podría considerarse ya un clásico contemporáneo, con esta primera frase que bien merece hacerse un hueco en la lista de comienzos literarios más célebres (si es que existe alguna lista así, pudiera ser pero no sé), con esa niña recién convertida en mujer, no sabemos si por su estrenado matrimonio o si, tal vez, lo que realmente la hizo dejar la niñez atrás, fue el mismo motivo que la impelió a ausentarse de la mesa familiar a la hora de comer, buscar la pistola del padre, ocultarse en el cuarto de baño, descubrir su seno izquierdo que se me antoja blanco como lo era su corazón, apoyar sobre él el frío metal del arma y, con un simple movimiento de uno de sus dedos, acabar con tan blanco escenario: baño, corazón y pecho, tiñendo y a la vez borrando para siempre su ya inservible corazón de todo asomo de inocencia o quién sabe si mejor habría de decirse cobardía. Y, sin embargo, el auténtico comienzo de la novela y lo más importante de esa frase inicial es ese "no he querido saber, pero he sabido". Sobre ella gira toda la trama de la novela, sobre las decisiones tomadas o dejadas de tomar, sobre lo que debemos decir o callar, sobre lo que inevitablemente penetra por nuestros oídos "como gota de lluvia que va cayendo desde el alero tras la tormenta, siempre en el mismo punto cuya tierra va ablandándose hasta ser penetrada y hacerse agujero y tal vez conducto." Conducto, ¿hacia qué? Y, ¿sepultamos después el conducto o lo dejamos despejado?

De un viaje de bodas regresa también Juan Ranz, narrador de Corazón tan blanco; y si puede regresar es porque años atrás una mujer, tras su propio regreso, se quitó la vida disparándose al corazón con la pistola del padre. El padre, en este caso el de Juan, su viudo (de la mujer), se casó después con la  que sería madre de Juan, que era hermana de la difunta (la otra niña, por tanto). Así que si esa tía, a la que nunca conoció pero cuyo retrato tuvo ocasión de observar infinidad de veces de niño, no se hubiese suicidado, Juan no hubiese nacido y por tanto no se hubiese casado, ni hubiese ido de viaje de novios, ni, por supuesto, hubiese de él regresado.

El padre era ya dos veces viudo cuando se casa con la madre de Juan; una leyenda de mala suerte parece alzarse en torno a él. Leyenda que se torna augurio en el caso de su hijo. Un mal presagio le acompaña desde su cambio de estado civil, desde que comienza a hacerse la pregunta "¿y ahora qué?", pregunta que su propio padre le plantea el día de su boda como preludio a lo que realmente quiere lanzar, a un consejo con regusto a advertencia. "Cuando tengas secretos o si ya los tienes, no se los cuentes", se decantará finalmente por pronunciar. El se se refiere a Luisa, su flamante nuera.
"Pude callar y callar para siempre pero uno cree que quiere más porque cuenta secretos, contar parece tantas veces un obsequio, el mayor obsequio que puede hacerse, la mayor lealtad, la mayor prueba de amor y entrega. Y se hacen méritos contando."
Juan y Luisa se conocen a causa de su profesión. Ambos son intérpretes y en ocasiones traductores (no es casual la elección por parte del autor de esta ocupación) y son llamados a ejercer su profesión en un encuentro entre un dirigente español y su homóloga británica allá por comienzos de la década de los noventa. Aquí tengo que hacer un inciso para destacar la genialidad de Javier Marías. El capítulo en el que nos narra estos hechos es sencillamente brillante. Sencillo es hacer esta declaración pero conseguir lo que consigue Marías no debe de ser nada sencillo. No quiero extenderme ni reiterarme nuevamente en lo que ya he dicho en otras reseñas de otros libros de este autor pero no me queda otra que volver a declararle mi profunda admiración. El escritor madrileño tiene una capacidad asombrosa (y envidiable) para hilvanar reflexiones e ir urdiéndolas en la trama. El capítulo que os menciono no tiene desperdicio (bueno, en realidad ninguno lo tiene) pero es que además es tan cómico, más teniendo en cuenta lo difícil que es que un libro me haga reír... Lo dicho, una auténtica genialidad.

"La gente quiere en buena medida porque se la obliga a querer", le dice durante ese encuentro la dirigente británica al colega suyo y compatriota nuestro, y bien podría (y hasta me atrevería a decir que debería) hacerse una lectura política de esta sentencia, del capítulo e incluso de la novela. Pero volvamos a los amantes que se quieren o se obligan, se persuaden, se convencen de quererse, los que una vez convencidos dejan atrás la persona individual que eran y empiezan a contemplar la vida desde la cama, desde la almohada compartida. Desde esa cama, el otro cuerpo protege y respalda; desde esa almohada, se alaga, se traiciona, se renuncia. Se habla y se obliga a escuchar. También se instiga. A sabiendas o sin saber. Inocencia o cobardía.
"La lengua en la oreja es también el beso que más convence, [...] la lengua que indaga y desarma, la que susurra y besa, la que casi obliga."
Será ese cambio de perspectiva, ese comenzar a mirar la vida desde la cama, el responsable tal vez de los malos presentimientos que asolan a Juan. Se recrudecen en La Habana durante su viaje de novios a causa de un episodio del que es testigo sin querer aunque queriendo saber. Se untan de sospecha tras los regresos de sus viajes laborales a su nueva casa (que ya no es suya sino nuestra, es decir, de ellos, de Juan y Luisa), e ir encontrándose con pequeños cambios cuyo origen tan solo es capaz de intuir. Para colmo, el pasado de su padre, del que éste siempre ha sido reacio a hablar, llama a la puerta.

"No he querido saber, pero he sabido", comienza esta novela que debe su título a una cita de Macbeth (no podía faltar Shakespeare) y que indaga en los vericuetos del matrimonio, el peligro de desvelar secretos, las dudas entre callar y hablar, y el insondable poder de la persuasión. Juan no quiere saber; Luisa será partidaria de averiguar. Yo, con Javier Marías, siempre apuesto y me preparo a querer saber. No creo, no obstante, que no querer hacerlo deba necesariamente tildarse de cobardía (tal vez haya en ello incluso una especie de sabiduría). De lo que si estoy segura es de que saber (en mi caso leer) no contribuye para nada a preservar la inocencia. La lectura, que al fin y al cabo no deja de ser una forma de escucha, también tiñe corazones.
"Escuchar es lo más peligroso, [...] es saber, es estar enterado y estar al tanto, los oídos carecen de párpados que puedan cerrarse instintivamente a lo pronunciado, no pueden guardarse de lo que se presiente que va a escucharse, siempre es demasiado tarde. Ahora ya sabemos, y puede que eso manche nuestros corazones tan blancos, o quizá son pálidos y temerosos, o acobardados."
ear. Fotografía de Daniel Novta




Ficha del libro:
Título: Corazón tan blanco
Autor: Javier Marías
Editorial: Debolsillo
Año de publicación: 2014
Nº de páginas: 320
ISBN: 9788483461402
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Comentarios

  1. Comparto tu admiración por Javier Marías; es mi escritor favorito, me maravilla su forma de escribir. Esta novela la leí ya hace mucho, y creo que no estaría mal hacer una relectura pronto. Con tu reseña me han entrado las ganas. ;-)
    ¡Un abrazo!

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    1. Siempre merece la pena volver a las buenas novelas.
      Un abrazo

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  2. Qué buena y qué acertada tu reseña, Lorena. Dos veces he leído este libro y podría leerlo varias más. Ese comienzo me arrastra (lo tengo en mi sección de comienzos de mes con comienzos de novela), me lleva a querer seguir y seguir.
    Ese no querer saber lo entiendo de maravilla. No está el amor en desvelar los secretos, sino en ser capaz de guardarlos. A veces, cuando confiamos nuestros secretos estamos descargando su peso o nuestra conciencia en el otro, estamos obligándole a compartir nuestra carga. Cuanto más se ama al que se preserva de ciertos conocimientos.
    Javier Marías es uno de nuestros mejores escritores vivos. Por cierto, creo que está a punto de publicar nueva novela.
    Un beso.

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    1. No se trata de sobreproteger con el silencio, pero estoy de acuerdo contigo en que hay confidencias que no son sinónimo de confianza sino que, como bien dices, buscan el descargo de conciencia y el compartir la culpa para hacer la carga más llevadera. Marías en sus novelas lo expone como nadie.
      Desconocía que estuviese a punto de publicar nueva novela, pero si es así, aquí estaremos para recibirla con los brazos (y sobre todo los ojos y la mente) bien abiertos.
      Besos

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  3. No he leído a Javier Marías aún, y no sabía (o no recordaba desde que te leo) que fuera uno de tus autores de cabecera. En mi caso, el personaje me parece un poco estirado por sus opiniones de columnista, pero eso nunca ha sido un handicap para que yo me ponga a leer a alguien. Simplemente aún no he encontrado el momento.
    ¡Un abrazo!

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    1. Estoy pensando que, dado lo ecléctica que soy en cuestión de autores y lo que me gusta picotear, no sé si podría decirse que tengo alguno de cabecera, aunque con suerte lo es el que esté leyendo en el momento.
      Hay quien piensa que la forma de escribir de Marías es un tanto pedante. No es mi caso pero ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito.
      Un abrazo

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  4. Ese comienzo desde luego invita a seguir leyendo. Aunque ya antes la hayas leído, como es mi caso. Pero hace tantos años que ahora me has dejado con muchas ganas.
    Besotes!!!

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    1. Pues a releer, entonces. La novela cumple veinticinco años, así que sería una buena forma de celebrarlo.
      Besos

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  5. Hola Lorena,
    Sé que debo ser un caso raro, pero tengo que reconocer que tengo algún problema con Javier Marias y aunque he estado varias veces tentada con distintos libros de él, al final no consigo decidirme, no tengo ni idea de cual puede ser el motivo porque ahora mientras leía tu reseña me gustaba lo que contabas, la manera de escribir y las citas que ponías me han encantado.
    A ver si con esta novela por fin me decido a salir de la ignorancia sobre este autor y disfrutar de sus letras.
    Besos

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    1. Yo tengo también a muchos grandes pendientes y conozco a quienes han leído a Marías y no les ha gustado. Si te ha tentado, lo mejor es que le des una oportunidad y así sales de dudas.
      Besos

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  6. Leí este libro hace un par de años y leyéndote he revivido parte de lo que sentí nadando entre sus páginas. ¡Qué reseña más sensible y aguda, Lorena, como todas las tuyas! Siempre que pasó por tu blog tengo un problema: me entran ganas de ponerme a leer inmediatamente de lo que nos hablas y de releer lo que ya he releído para sentir lo que tú has sentido. Es maravilloso. Gracias por compartir con nosotros toda tu sensibilidad lectora, por hablarnos y por contarnos cosas tan bonitas como que leer es también una forma de escuchar y de teñir corazones. Te escucho atentamente y con admiración...
    Un abrazo

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    1. Muchísimas gracias, Raquel. Libros como éste no se pueden quedar para una sola, no queda más que compartir las impresiones que producen. Yo también engordo mi lista cada vez que paso por algunos blogs, el tuyo incluido. Ojalá nos alcanzara el tiempo para leer y releer todo lo que quisiéramos.
      Un abrazo

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  7. Precisamente fue ese comienzo el que me hizo memorizar su título...una historia que comienza así no puede ser mala. Y qué mensaje más importante e interesante lanza...como dice mi madre "lo que no quieres que se sepa que no salga de tu boca", y leyéndote ya me imagino por dónde pueden ir los tiros. Lo leeré ;)

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    1. Sólo te queda leerlo para ver si tus tiros dan en el blanco ;)
      Besos

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  8. Mi experiencia con Javier Marías no es muy buena, dos veces he empezado "Mañana en la batalla piensa en mí" y dos veces lo he dejado sin terminar, aunque ha sido en contextos un tanto "especiales". El caso es que como articulista en El País lo llevo leyendo la tira de años, y aunque a veces se pasa de gruñón, me parece una persona lúcida y con una prosa impecable. Me ha gustado tu reseña y los fragmentos que has seleccionado de la novela, hay mucha carga de profundidad en ellos. Veremos si en mi próxima visita a la biblioteca no me la llevo...
    Un abrazo

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    1. Lúcido y con una prosa impecable, no podría estar más de acuerdo contigo. Tengo precisamente el título que has abandonado dos veces en el punto de mira como mi próximo encuentro con Marías (claro que, si como comenta Rosa, está a punto de publicar novela, tal vez se le adelante ésta, o yo qué se). Su estilo es el que es (a mí me encanta, otros no pueden con él) y en las tres novelas suyas que he leído hasta la fecha, aunque con tramas diferentes, da vueltas a los mismos temas. Vamos, que no sé si tus abandonos son producto de esos contextos especiales que comentas o si es que sencillamente no tienes feeling con el autor. Claro que, si comentas que como articulista te gusta, yo te animaría a que le dieras otra oportunidad, aunque tampoco me gustaría ser la responsable de un tercer intento fallido. Así que sí, dejemos que sea la visita a la biblioteca la que decida.

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  9. Leí este libro hace muchísimo. El recuerdo que tengo es, a estas alturas, que ese Javier Marías es el único que me gustaría volver a leer. La relectura de este libro, que recuerdo que me pareció una genialidad ya en su momento, cuando no era todavía un "clásico contemporáneo".

    Un abrazo, Lorena

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    1. Pues, no sé si deducir de tu comentario, Ana, que casi es mejor que te quedes con ese recuerdo, que no es poco.
      Un abrazo

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  10. Igual que Gerardo, he leído centenares de artículos suyos en El País, ahora también lo hago pero soy más intermitente, en cualquier caso me parece una voz crítica necesaria contra todo el sinsentido que hay instalado en este país. Precisamente tengo este título que nos traes, y también "Lección pasada de moda" (recopilación de artículos en torno a la lengua española), pero tengo delito... pues están al alcance de mi mano y siguen sin ser abiertos... Caerán el día menos pensado, como suele ocurrir.

    Me gusta lo que cuentas de esta novela; "sobre lo que debemos decir o callar", casi nada, un dilema que nos acompañará hasta el último de nuestros días.
    Por cierto, no he mencionado una faceta que agradezco enormemente a Marías (también a Vila-Matas), es un impagable prescriptor de buenísimos libros, a él le debo, por citar uno que está en mi blog, "Ehrengard", una espléndida novela corta, o relato largo, de Isak Dinesen.

    Un abrazo Lorena!!

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    1. Mejor no te hablo yo de mis delitos de omisión. Al final son los libros los que deciden cuándo y si han de ser o no leídos.
      El tema es un caramelito y Marías lo borda como nadie.
      Coincido contigo en lo de que es un gran prescriptor de libros. Ahí tengo apuntado y aún sin leer una novelita de Balzac a la que le da vueltas en 'Los enamoramientos'. Sin olvidarnos de Shakespeare, al que siempre me dan ganas de leer tras sus novelas y sigo sin estrenarme con él. ¿Ves como tengo delito?
      Un abrazo

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