Criaturita - María Bastarós
Novela leída y reseña escrita en enero de 2026.
«El lago Milagro estaba a apenas media hora en coche de Aguas Claras, aunque en invierno costaba más llegar a causa de la nieve y la escarcha que lamía la carretera. De los pueblos que lo rodeaban, unos casi se tocaban, a otros los separaban más de dos horas. En medio todo era verdor agreste, rocalla, ulular de lechuzas, intrincadas arboledas llenas de luciérnagas y raíces traicioneras que atravesaban el lecho vegetal y se enredaban en cada pie que pillaban. El Milagro era un gran lago: sus orillas se separaban hasta los treinta y cinco kilómetros en su parte más larga, y hasta diecinueve en la más ancha. La profundidad máxima que se había podido medir era de ochocientos un metros, aunque ningún aparato había resistido el viaje hasta el fondo. El lecho era irregular, quebrado y tramposo. En el limo nacían túneles que conectaban con otras masas de agua, quizá —por unas bacterias salinas encontradas en la zona bentónica— hasta con el mar. Expertos de todo el mundo habían acudido a hacer mediciones, a tomar muestras de agua turbia. En verano sus aguas eran azules o verdosas, en invierno negras como el betún. Había muchas historias sobre el lago. Habían pasado de generación en generación a base de susurros hasta que a un historiador se le ocurrió ponerlas por escrito en un gran tomo titulado Narraciones y mitos en la región del lago Milagro. Casi todas esas historias tenían un origen común, felizmente ignorado hasta mediados del siglo veinte. En la lengua nativa de la región, que ya casi nadie hablaba pero de la que quedaban algunos registros, el lago Milagro nunca se había llamado Milagro. Aunque las orejas de quienes habían acudido a poblar la zona gracias a las minas de carbón lo quisieron entender así, aquello de Milagro solo guardaba un parecido fonético con el verdadero nombre del lago. Los nativos lo habían bautizado como Mitl-a-Goro. El hogar de La Criatura».
La chica tiene unos diecisiete-dieciocho años. Hace unos tres que perdió al padre, un biólogo aficionado a la criptozoología, una especie de gloria local por haber sido portada de la prestigiosa revista Nature. Así que ahora la chica vive solo con la madre. Pero la chica añora terriblemente al padre. No consigue superar su muerte. A su recuerdo acuden constantemente las excursiones compartidas y las historias que el progenitor sembró en su imaginación. La compañía de la madre no la ayuda, pues esta tan solo es una mujer envuelta en una sempiterna bata que tiene más años que Kaila. Alguien que tiene por oficio la venta telefónica de aparatos multiusos de dudosa utilidad. Alguien gris, mediocre a los ojos de una chica que aspiraba a seguir los pasos del padre hasta que la muerte de este la sumió en una parálisis existencial. La madre es solamente eso: una madre; constante, solícita, desvivida por el bienestar de la chica y porque esta recobre la ilusión. La madre, a mis ojos, es mucho, y no indago en la ambivalencia de ese mucho por ser un pensamiento mío que no está en esta novela, amén de por no dar pistas que puedan contribuir al esclarecimiento del tenue misterio que esta encierra. El padre, en mi recuerdo, cada vez se mimetiza más con un personaje de la novela Lluvia fina de Luis Landero que lleva por nombre Gabriel.
La chica me conmueve. Me inspira ternura. Podría parecer patética, pero en los primeros capítulos de esta novela solo tengo ganas de abrazarla. Además de su sentimiento de pérdida y orfandad, está esa adolescente enamorada del amor que se cuela determinantemente sagaz por el más nimio resquicio que el chico de turno objeto de su atención deja inconsciente o despreocupadamente al alcance de la chica. ¿El resultado? Un suma y sigue al dolor, a la pérdida, al vacío, a la decepción.
Pero la chica también sabe causar daño, también sabe utilizar para alcanzar sus anhelos y colmar su vacío. No solo es una joven desvalida, sino también una persona egoísta. Sus acciones no son premeditadas, pero tampoco inconscientes. Su comportamiento despierta mis ganas de darle un par de zarandeos que, lógicamente, no puedo darle.
Lo que zarandea, en cambio, esa comarca formada por pueblos de nombres acuáticos que hunden sus raíces en las abisales aguas de ese hogar de la criatura y cuna de historias míticas locales que es el lago Milagro es la desaparición de una mujer. La desaparición de una segunda mujer. La desaparición de una tercera mujer...
«A través de la mirada de una chica que ha hecho del autoengaño su tabla de salvación y que vive atrapada en un paisaje de postal plagado de trampantojos, Criaturita se mueve ligera y mordaz entre el thriller rural, la novela de aprendizaje y el género fantástico». Así viene definida esta novela por su sinopsis. Ya os adelanto, para que nadie se lleva a engaño, que Criaturita no es un thriller trepidante (ni siquiera sé si calificarla como thriller) y que de fantástica (curiosamente, en quienes primero pensé al ver la portada y leer la sinopsis de esta novela fue en Mariana Enríquez y en Gustavo Martín Garzo) no tiene más que las referencias a los críptidos y una logradísima ambientación que, personalmente, me ha hecho pensar en ciertas películas de clase B. Lo que sí concedo es que se mueve ligera y mordaz entre muchas cosas.
Criaturita podría ser una novela juvenil, pero no lo es. Podría ser cómica, delirante, absurda por la tendencia excéntrica de algunos personajes, pero no es ello lo más predominante. Podría considerarse una novela feminista y, sin duda, está insuflada en parte por un aliento feminista, pero, nuevamente, no es esto lo que la define. Podría parecer, pues, que abarca mucho y aprieta poco, pero son, sin embargo, sus ajustadas pretensiones y su dejar fluir sus mayores virtudes. María Bastarós y su prosa brillan por amalgamar los cambiantes matices y reflejos de la superficie de su Mitl-a-Goro y saber renunciar a una inmersión destinada a perder irremediablemente pie.
La novela de la zaragozana se lee con ligereza y con gusto. Con curiosidad, pero sin ansias de devorarla. Entre la sonrisa y la seriedad. A partir de cierto momento, empiezo a intuir a dónde me quiere llevar la autora. En cuanto al final, me ha resultado chocante por considerar que no es el que le pega a este tipo de novelas. Sin embargo, me ha resultado realista y, una vez reposada la lectura, es algo que me ha gustado. Además, es difícil que los finales de thrillers me convenzan. Será porque no me llaman mucho los thrillers. Será porque, de esta novela, era lo que menos me importaba. Lo que sí me importa es que Criaturita ha sido un muy digno comienzo de año lector y que leer a María Bastarós y conocer a Kayla ha sido un soplo de aire fresco.
«Y, aunque intentó evitarlo, también se preguntó si el ir allí no había sido más que otro de sus errores, si aquella historia de amor que creía estar viviendo podía ser una ficción, un cuento que se había contado a sí misma para poder vivir. Incluso, de madrugada, ofuscada por la lectura y el ansia, se preguntó si Ángela y las demás habían desaparecido de verdad, si no sería todo un delirio suyo. Cuando una estaba sola durante tantas horas casi podía ver a la locura, una mancha borrosa de color añil, colándose primero por las ventanas y luego por los canales auditivos hasta alojarse en el cerebro».
Ficha del libro:
Título: Criaturita
Autora: María Bastarós
Editorial: Seix Barral
Nº de páginas: 336
Año de publicación: 2025
ISBN: 978-84-322-4895-5
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