Mejor la ausencia - Edurne Portela

«Me calzo. Me duele. Echo a andar por el paseo. Si corriendo me lleva veinte minutos, andando me llevará casi una hora, sobre todo cojeando como cojeo.
[...]Me duele el pie. Me duele mucho. Se me saltan las lágrimas. Me concentro en el dolor. Con cada pisada me sube una punzada, un calambre hasta la tripa. Piso más fuerte. Que me duela más. Ando más rápido. Está bien el dolor. Está bien. Otra pisada. Y otra. Y otra».
Otra palabra. Y otra. Y otra. Y otra más. Las palabras de Edurne Portela son como las pisadas de Amaia, pum, pum, pum. Concéntrate en las palabras hasta que deje de doler. El dolor físico es preferible a otro tipo de dolor. Anestesia. Aletarga. La euforia del dolor. Chute de endorfinas sin contraprestación.
«Me gusta la sensación de empezar a perder la conciencia de las cosas, la sensibilidad de mis propios miembros, a confundir la distancia entre mi cuerpo y los objetos que me rodean. Disfruto la dejadez, la pesadez, la inmovilidad que me invade. Quedarme dormida en el sofá y despertarme sin saber la hora que es. Sin haber soñado. Sin saber quién soy o dónde estoy. Beber un poco más hasta no saber si pienso o no pienso. Ni siquiera si existo».
Estoy anestesiada, paralizada. Lo único que alcanzo a hacer es seguir leyendo. Sigo las palabras de Amaia, las de Edurne, pum, pum, pum. Este libro se bebe, es goteo intravenoso. Y duele, pero pareciera que estuviese anestesiada.

No consigo llorar. Las lágrimas no afloran en mis ojos como en los de Amaia queriendo avanzar con su pie herido por el paseo de esa playa (huyendo ¿de qué? ¿de quién? Buscando refugio ¿dónde?), ni siquiera noto un nudo en la garganta, todo se concentra en mi estómago. A mí no me suben punzadas desde el pie, mi dolor nace (y ojalá pudiera añadir muere) en el estómago. Ahí continúa mi saco de lágrimas.

Acabo este libro y escribo en las redes sociales: «Si tuviese que elegir una sola palabra para describir Mejor la ausencia sería brutal. Para describir a Edurne Portela necesito dos: impecable e implacable». Me quedo pensando y añado lo siguiente: «Lecturas que duelen. Lecturas que no se pueden soltar. Lecturas que provocan impotencia». Y ahí sigo, como en un bucle, sin que me salgan más palabras para poder hablar de él y con la misma impotencia. Anestesiada. Paralizada. Atrapada en las paredes del piso cercano a Bilbao en el que se crió Amaia. Y con mi saco de lágrimas que no consigo romper.

Cotidianidad del horror. Creo que a eso se debe mi impotencia.

Amaia es unos años mayor que yo. Nos narra su infancia y adolescencia en el País Vasco desde finales de los setenta hasta principios de los noventa y su regreso diecisiete años después. Recuerdos, imágenes que han quedado grabadas en su memoria, conversaciones escuchadas y no siempre entendidas, huecos, que va llenando, que vamos llenando, vivencias propias que ojalá hiciera falta rellenar. Palabras justas, pum, pum, pum, sencillez apabullante, sin adornos, sin buscar provocar nada y por ello mismo provocando lo que provocan las vidas cargadas de nada. Las palabras de Amaia. Las palabras de Edurne Portela.

Edurne se me hace Amaia, una única voz, pero dudo mucho de que esta sea una novela autobiográfica. En todo caso, sería una autobiografía social, no personal. Pienso ahora que a veces lo social se vuelve personal y viceversa. Cuántas Amaias habrá, cuántos aitas, cuántas amas, cuántas abuelas, cuántos tatos Aníbal, Aitor, Kepa, cuántas familias Gorostiaga.
«Con Aitor es siempre lo mismo. Preocuparse desde la distancia, juzgar a los demás desde la superioridad ética que le da su cátedra de filosofía. Pero cuando hay que mojarse, Aitor se queda ahí, con el dedito de juez, señalando, y a salvo. A salvo de todo. Es el más listo. Siempre lo ha sido. Aníbal huyó de la peor manera posible, y Kepa también, que lo suyo estará sufriendo. Y yo, yo soy la que lo hace todo mal, al huir y al regresar, y en el entremedias. [...] Si me comparo con Aitor, siempre pierdo. Él se fue de casa pacíficamente, yo dejando cicatrices».
Yo me hago Amaia. Soy Amaia. Es tan real, la siento tanto... 

Amaia y yo. Su vida y la mía. Tan parecidas. Tan distintas.

La pequeña de la casa, a la que se expone a la realidad y se la quiere proteger negándole explicaciones. Las peleas entre hermanos. El cambio del colegio al instituto. Las amigas. Las primeras salidas nocturnas.

El alcohol. Las drogas. La violencia dentro y fuera de casa. ETA. Los GAL.

Lo escribo en párrafos separados: mi vida, la suya. Debería coexistir todo en el mismo: su vida, la cotidianidad del horror.
«Es extraño ver las imágenes en televisión de una calle que está tan cerca de casa».
La siento tanto... Mi Amaia abandonada. Lo siento tanto... Y necesito llorarla y no puedo. Atascada. Saco de lágrimas. Anestesiada. Paralizada.
«Estoy harta de darme pena».
Todos me dan pena. Víctimas/Culpables. Personas fragmentadas. Familias fragmentadas. Sociedades fragmentadas. País Vasco fragmentado. Pero es por las Amaias del mundo mi dolor y mi impotencia. Es por ellas mi atasco con mi saco de lágrimas. Por ellas mi parálisis y mi incapacidad de verbalizar mis sentimientos.
«A nada que hablemos del pasado van a salir todos los fantasmas».
«En esta casa cada uno sobrevive como puede».
The Run Away. Fotografía de Damian Gadal





Ficha del libro:
Título: Mejor la ausencia
Autora: Edurne Portela
Editorial: Galaxia Gutenberg
Año de publicación: 2017
Nº de páginas: 240
ISBN: 9788417088125
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Comentarios

  1. Ufffff, anestesiada, paralizada me has dejado con tu reseñea. La voy a leer sí o sí, SEGURO. Ha sido leer "brutal" "impecable" e "implacable" y saber que esta novela es de las mías, de las uqe me transmiten. Me ha recordado un poco a Patria, de Aranguren, más que nada por la temática (ETA, País vasco, etc)
    Un beso

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    1. Se la compara con Patria. Hay quien dice que es mejor, hay quien prefiere la novela de Aramburu. A mí no me gusta comparar y además no podría hacerlo porque no he leído Patria. Pensé hacerlo en su día pero luego se desató toda la repercusión que ha tenido y a mí tanto boom me echa un poco para atrás. Tal vez algún día, cuando deje de ser el libro del año, vuelva a tomar en consideración leerlo. De todas formas creo que pueden coexistir perfectamente en el mercado, y está bien además que sea así e incluso creo que necesario, dos novelas que retratan la sociedad vasca de esos años. Si te interesa el tema Edurne Portela tiene también un ensayo sobre el mismo titulado El eco de los disparos que dicen que es muy bueno. Pensé también en leerlo pero ahora mismo no me apetece demasiado leer ensayo. Tal vez algún día.

      Respecto a esta novela, me resultó una lectura durísima; brutal, como digo. Por una parte tenía que pararme para asimilar tanta carga que iba soportando Amaia y por otra no podía soltar el libro. Y un querer y no poder llorar a medida que mediante la lectura iba yo misma soportando esa carga, soledad y dolor. Necesario, por otra parte, enfrentarnos a realidades que solo difieren de la nuestra por haber nacido en otra familia y/o en otro lugar.

      Ya me contarás si la lees.

      Besos

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    2. Pues sí..., a mi tampoco me gusta comparar. Yo también suelo huir de libros con demasiada repercusión mediática, pero "Patria" me pareció un buen libro, te lo recomiendo. Si la leo (que la leeré) ya te contaré

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  2. Increíble y brutal reseña. No conocía la novela. Y me has dejado con unas ganas tremendas de leerla.
    Besotes!!!

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    1. En este caso yo supe de ella desde que salió hace ya varios meses, tal vez incluso ya un año, no sé. Tardé en darle su lugar pero aquí estoy, rendida a ella, apisonada. No dejes de leerla aunque tardes algún tiempo como yo.
      Besos

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  3. "El alcohol. Las drogas. La violencia dentro y fuera de casa. ETA. Los GAL." Ya antes de llegar a wsi, sabía que este libro tenía que leerlo. Tras eso, se me hace necesario.
    Un asunto muy seguido por mí y oor ni marido, bilbaino él.
    Una hermosa reflexión la que el libro te ha sugerido. Reflexión que ayuda mucho a las ganas de leerlo.
    Un beso.

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    1. Ese es el contexto de esta novela y también el de la vida de Amaia. Y ese contexto es el que diferencia su infancia y adolescencia de la de cualquiera de nosotros. He sentido una identificación, más que personal, generacional con Amaia, porque su vida familiar se parecía mucho a lo que fue la mía y pienso también que a la de muchos de los posibles lectores de esta novela, y, sin embargo, afortunadamente ha sido tan diferente...

      Creo que esta novela impacta precisamente por esa perspectiva tan íntima y familiar de lo que fue el conflicto vasco. Se ha tildado muchas veces a la sociedad vasca de hipócrita y cobarde. A mí no me gusta juzgar y pienso además que muchas veces se puede ser víctima y culpable a la vez, amén de que considero el miedo algo muy humano, que yo no me considero para nada valiente y que es muy fácil serlo desde la libertad. Pienso que libros como este pueden ayudarnos a ponernos en la piel de los que vivieron esos años de primera mano, los que vivieron lo que he calificado en la reseña como la cotidianidad del horror.

      Me gustará saber tu opinión si lo lees. También la de tu marido si lo lee y se anima a compartirla, si ha vivido de cerca esos años seguro que su opinión es enriquecedora. Si os interesa el tema, como le comento a Marian, Edurne Portela tiene escrito un ensayo sobre el mismo titulado El eco de los disparos.

      No sé si he reflexionado mucho con este libro pero sí que lo he sentido mucho.

      Besos

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  4. He llegado hasta ti a través de Paco, y me he encontrado con esta magnífica reseña de un libro que aún espera su ocasión.
    Tampoco he leído 'Patria' aún, aunque parecen temáticas similares. Ni comulgo con lecturas efectuadas al calor del debate. Debe ser por eso que dejo pasar un largo tiempo -hasta que se acallen los furores- para encarar lectura semejante.
    Gracias por tu sentida reseña, tan personal y emotiva. Tus líneas refuerzan mi decisión de leerla en breve.
    Demás está decir que me tendrás por aquí seguido.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Si llegas a través de Paco, es como si llegaras con una recomendación y de las buenas. A mí que me encanta cuando una lectura nos lleva a otra, no puedo dejar de apreciar cuando los lectores, aun sin hacerlo directamente, nos recomendamos entre nosotros.

      Me pasa como a ti y temo ya que de tanto dejar enfriar Patria se me enfríen las ganas de leerlo definitivamente. En todo caso al menos me he acercado a la temática con un libro que merece la pena y mucho. Y en este caso, además, lo de merecer la pena no es solo una expresión.

      Las reseñas muchas veces me salen personales e incluso alguna vez yo diría que 'rarunas'. Con este libro era imposible que no me saliera también sentida y emotiva.

      Bienvenido eres a mi casa, Marcelo. Y ahora mismo me voy a investigar si tienes rinconcito propio por el que asomar.

      Otro abrazo para ti.

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  5. ¡Hola! La leí.. y me encantó. ¡Que dura! Yo también me he sentido Amaia y su cotidianidad del horror
    Besos

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    1. Ay, cuánto me alegro que te haya gustado. Siempre siento cierta responsabilidad cuando alguien se anima a leer un libro por una reseña mía.
      Besos

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  6. Creo que sólo esta novela y "El comensal" de Gabriela Ybarra (que también trata del conflicto vasco) me han suscitado tanto horror y tanta imposibilidad de dejar de leer. Me resultaban igual de violentas las escenas en las que Amaia hablaba sobre atentados que esos vecinos que les retiran el saludo de un día para otro. Y es esa violencia intrafamiliar, tan sutil la que sobrecoge. Porque al final Amaia es una víctima de su familia, quien la juzga sin apenas tener en cuenta sus sentimientos.
    Un libro necesario porque nos remueve por dentro, sin duda.
    Un abrazo.

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    1. El comensal me gustó mucho. Me pasó una cosa curiosa con esa lectura, sin embargo. Gabriela Ybarra consigue conmoverme cuando narra la historia de su abuelo, que es algo que ella no ha vivido y por tanto tiene que ficcionar muchísimo más, pero no logra lo mismo con la historia de su madre que ella vivió muy de cerca.

      Con-mover para mover. Eso consigue Edurne Portela con Mejor la ausencia.

      Gracias por pasarte. Un abrazo.

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