La sonámbula y más relatos inquietantes - Marie Luise Kaschnitz

Somos sonámbulos. Nos conducimos por el mundo como durmientes de ojos abiertos. Ojos abiertos que no ven. De repente, una voz surge y nos interpela: «¿No usa usted gafas? [...] ¿Y por qué no se las pone?». «Soy demasiado presumida», nos atrevemos a balbucear. «No lo creo», argumenta la voz desconocida, «¡Usted no quiere ver!». Y esas palabras, esa especie de sortilegio, actúa sobre nosotros como un revulsivo porque, como concluye la protagonista de La brizna de paja, relato que abre el libro que hoy os traigo, «las palabras son algo terrible y cuando algo se llega a expresar con palabras se convierte en verdadero». Se resquebraja la realidad tranquila, la burbuja protectora que nos mantiene aislados de la verdad, y se presenta ante nosotros el otro mundo, tan idéntico a este, en el que quizás, tan solo, hay un breve e imperceptible cambio de densidad, un leve viraje en la dirección en la que sopla el viento, un matiz apenas un tono más oscuro en la luz que se refleja en los objetos; y hay, sobre todo, un regusto amargo en la saliva que tragamos, un hormigueo de mal agüero en nuestro estómago, una inquietud presa en nosotros que nos atenaza.
«Y la sonámbula se inclinó ante esta voz. Se inclinó pronunciadamente porque la había despertado y porque ahora tenía que aprender a caminar con los ojos abiertos más allá de los tejados, porque tenía que aprender a mirar sin caerse a los terribles abismos que había bajo sus pies».
La sonámbula es el relato del que toma el título esta colección de cuentos; y la voz, ante la que yo también me inclino, no puedo evitar pensar que es la de Marie Luise Kashnitz. Ella nos despeja la mirada, ella derrumba el suelo bajo nuestros pies, y lo hace tal vez solo momentáneamente, pero tras nuestra emersión a la zona tranquila no somos ya los mismos. Conocemos el abismo, lo hemos visto, hemos habitado en él, y sabemos que, en cualquier momento, podemos regresar. Lo que no sabemos es qué nos asusta más, si la posibilidad factible del regreso o la incertidumbre, esa pérdida de control sobre nosotros mismos y nuestras vidas, de cuándo se producirá.
«Me he quedado sentada, perpleja, y es como si hubiera caído en un pozo profundo y me dispusiera a trepar para salir, pero, qué extraño, no consigo llegar arriba del todo, nunca volveré a alcanzar la claridad completa».
Podría decirse que La sonámbula y más relatos inquietantes es una extensión de La niña gorda y otros relatos inquietantes, pequeñas y excelentes muestras de la narrativa breve firmadas también por Marie Luise Kaschnitz. Ambas están editadas por Hoja de Lata, seleccionadas y traducidas por Santiago Martín Arnedo y presentadas por una preciosísima y sugerente portada ilustrada por la polaca Marta Orlowska, y en ambas está concentrada la esencia del universo narrativo de Kashnitz: esa voz que pone palabras a lo impronunciable, que abre las puertas a lo que jamás compartiríamos con nadie, a nuestra vida oculta y secreta vivida en soledad. «Caí en la cuenta de que siempre estaría tan solo como lo estaba en ese momento», concluye el niño de Popp y Mingel al recordar el suceso con el que se despide de su infancia. Asimismo Rosie, la preadolescente de Sombras alargadas, uno de mis dos cuentos favoritos de esta selección, hace referencia a la soledad cuando piensa que «cuando se está sola, todo se hace más grande y extraño y todas las cosas se convierten en propiedad».

Son varios los relatos de este libro protagonizados y narrados por niños, pues en la infancia los límites entre las dos realidades son más difusos y es más sencillo alternar entre un mundo y otro dando así «rienda suelta a nuestros salvajes anhelos de vida», tal y como hace la protagonista de Nesemann, mi otro cuento favorito. En él la autora alemana toca el sentimiento de culpa, como también lo hará con Un pandero, un caballo, aunque en el primero se descubrirá que la culpa muchas veces viene aderezada por un condimento de sabor agridulce.
«Ya que no puedo tener mi casa, mi casa fría dentro de la tierra, al menos quiero tener el sentimiento de ser importante, y la sensación, tan extraña y tan dulce que ahora se abre en mi interior, la oscura sensación de fatalidad y culpa».
Tambourine. Fotografía de melissa9099

No están exentos los adultos de estos cuentos de experimentar esa sensación de fatalidad y culpa, si bien es cierto que, al haber casi olvidado la existencia de puertas que conectan con otra realidad, serán menos duchos en reconocerla. Pero las puertas están ahí y, a veces, como en el caso de la mujer que protagoniza Altramuces, tan solo hace falta tener el arrojo suficiente de saltar, e incluso dos veces, para dejar atrás el camino hacia el que nos empuja una de esas realidades. Valentía también la de El jardinero que da título a otro de los relatos, que no solo es capaz de reconocer lo que hay tras la difusa barrera invisible entre mundos sino que se bate en duelo con ello y sale victorioso. Más temerosos se mostrarán el matrimonio de Fantasmas, que vive una auténtica velada fantasmal, o el hombre que lee atónito las cartas en las que su hermana, confinada en otro mundo en el que parece que toda puerta que permita la comunicación entre ambas realidades se ha sellado, recrea para él la Historia de un barco. Por último, la ambigüedad vuelve a instalarse en uno de estos relatos e invade a la protagonista de Ave Roc, que, tras conseguir desesperada ahuyentar al ave que ha invadido su casa, se descubre de repente anhelando su regreso quién sabe si, tal vez, esperando escuchar cantos de otros mundos que llenen su soledad.

Once relatos os he citado hasta ahora pero vuelven a ser doce (número que se me antoja mágico), como ya lo fueran en La niña gorda, los que componen esta antología. Me he reservado Persona enigmática para el final y esta decisión no es caprichosa ni casual. En él se rompe la norma del silencio, de callar nuestra vida secreta, nuestro yo oculto, «esas miles de voces que se alza[ba]n lastimosas, voces de apátridas, la voz del miedo». Y al hacerlo, al verbalizar, al contar, al compartir, se libera el miedo y esa inquietud que vive en nosotros nos abandona y suelta su tenaza. Sabia mujer, esa persona enigmática que en un viaje en tren traslada a la desconocida pasajera que se sienta a su lado sus incursiones en el otro mundo; niña inmortal, que viaja de un mundo a otro sin acusar si quiera confusión; ser despreocupado, al que no le importa, ajeno tal vez a las consecuencias de su locuacidad, sembrar de desconcierto a su eventual compañera de viaje. Y me quedo pensando y me tienta la idea de que esa despreocupación no sea tan inocente. Vuelve a invadirme el convencimiento de que esa voz camuflada con un personaje procede en realidad de Marie Luise Kaschnitz. Ella sabe que nada existe hasta que se nombra, así como que solo se teme a lo desconocido. Ella usa las palabras para identificar, para cercar, para alumbrar las zonas oscuras. Yo las recojo para leer(nos)/(me) entre líneas.
«De este modo la sonámbula comprendió que para ella ya no había vuelta atrás. Comprendió que desde ese momento tendría que retratar la vida incesantemente y tener la esperanza de poder encontrar así alguna vez un poco de luz tras las líneas acostumbradas, y que esta luz estaría relacionada con esas líneas de una forma secreta, y que a su vez les daría su sentido».
sun flare alley. Fotografía de Jonny Hughes





Ficha del libro:
Título: La sonámbula y más relatos inquietantes
Autora: Marie Luise Kaschnitz
Traductor: Santiago Martín Arnedo
Editorial: Hoja de Lata
Año de publicación: 2017
ISBN: 978-84-16537-16-7
Lee aquí el relato Historia de un barco





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Comentarios

  1. Hola, Lorena.

    Por lo que veo, es la segunda vez que nos traes a esta escritora, tratándose de una selecta y exigente lectora como tú, es muy buena señal.

    Me gusta lo que cuentas, además me atraen los relatos de esa naturaleza, no pocas veces el componente fantástico es lo que permite discernir, con mayor claridad, la realidad (es paradójico), Cortázar no se cansaba de señalarlo, y se asombraba de que alguien pudiese rechazar un buen libro por el hecho de lo fantástico, bueno, cada uno es soberano de su gusto.

    También me gusta que muchos relatos partan de la infancia, muchas veces en la vida de los adultos, hay una pretensión reiterada de regresar a la infancia, de refugiarse ahí, existen aspectos en los que la mirada de un niño siempre fue mucho más sabia que la de un adulto.
    Me apunto a esta magnífica autora, introducida por tus sugerentes líneas.
    Un abrazo!!

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    1. Pues te diré que es bastante probable que Marie Luise Kaschnitz aparezca por aquí una tercera vez, pues acabo de comprar en la Feria del Libro de Gijón un libro suyo. Será la primera novela de ella que lea. Tiene muy buena pinta así que ojalá que me conquiste tanto como sus relatos.
      No sé si has leído a Cristina Fernández Cubas. Yo solo he leído de ella un libro de relatos pero estas dos autoras se me parecen mucho. Te lo comento para que te hagas una idea de por donde van los tiros con Kaschnitz.
      Yo no diría que son relatos fantásticos más allá de las fantasías que sus personajes puedan tener. Y sí, a mí me también me gustan los relatos que nos regresan a la infancia, una etapa de la vida mucho menos plácida y más confusa de lo que se suele pensar.
      Un abrazo, Paco.

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  2. No me preguntes por qué, pero mientras leía tu reseña y los fragmentos que citas del libro, me acordaba de "La vegetariana". Tal vez porque ella también estaba en un pozo profundo del que no podía salir... más que como salió. Tal vez porque también ella quiere confundirse con la tierra y tener en ella su casa, y ser importante para alguien.
    Me ha resultado muy atractivo el libro, porque además cada vez les voy entrando más a los relatos.
    Un beso.

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    1. Pues ni te pregunto ni te sé indicar un porqué. De todas formas tampoco me extraña que los relaciones pues yo soy especialista en hacer conexiones entre libros que aparentemente no tienen nada que ver.
      Marie Luise Kaschnitz me parece una muy buena cuentista (veremos qué tal como novelista, como le comento a Paco pronto leeré una novela suya), así que creo que será una magnífica elección para que te sigas animando a leer relatos.
      Besos

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  3. Me has conquistado, por completo, con tu fabulosa reseña. Tengo que leer estos relatos!
    Besotes!!!

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    1. Pues espero que Marie Luise Kaschnitz también te conquiste. Ya me contarás.
      Besos

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  4. Hace tiempo que lo leí y me gustó mucho; tengo pendiente su otro libro de relatos y creo que caerá pronto porque me quedé con muchas ganas de más. Y, como siempre, un diez para Hoja de lata por su maravillosa edición.

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    1. Entonces te gustará La niña gorda y otros relatos inquietantes, porque va en la misma línea que este.
      Un trabajo fantástico el que está haciendo Hoja de Lata y un catálogo, el suyo, muy interesante.
      Besos

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    2. Había visto el libro, recordaba que habías reseñado ya a la autora, y además tiene esa portada tan llamativa... Pero como tengo tanto pendiente, y muchos de ellos libros de relatos, que lo dejé pasar. Pero veo que "reincides" y que además has cogido otro libro de Kaschnitz, lo cual ya dice mucho.

      Estaba pensando en que no sé si recuerdo muchos libros de relatos en los que alguno de ellos se construyan desde la infancia. Y me alegro ver que la relacionas con Cubas porque al leerte yo también hice esa conexión :)

      Un abrazo

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    3. A mí al menos me la recuerda. Tratan temas comunes y tienen una forma similar de abordarlos. Y sí, ya tengo otro libro suyo esperando. Tengo mucha curiosidad porque es una novela y hasta ahora solo conozco su faceta de cuentista. Pero la verdad es que la sinopsis es muy apetitosa y creo que me hubiera llamado la atención aunque no hubiese leído con anterioridad a la autora.
      Ay, esa pila de libros pendientes. No hay manera de hacerla bajar.
      Un abrazo

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