Érase una vez el fin - Pablo Rivero

Comienzo a leer. Releo. Volteo la página para avanzar. Continúo leyendo. Pausa. Inhalación profunda. No me lo puedo creer. Volteo de nuevo la página esta vez para volver al principio. Releo todo el fragmento. Cierro el libro y lo poso sobre la cama. Me levanto, la agitación no me permite seguir con la lectura, me dan ganas de ponerme a dar pequeños saltos de alegría. En su lugar, doy un par de vueltas por la habitación para intentar serenarme. Otra inhalación profunda. Me siento. Tomo el libro y me dispongo a continuar con su lectura, y al abrirlo, el olor a promesa impregna todo el cuarto. Antes de ello no puedo evitar que mi propia voz exclame en mi interior: Pablo Rivero, ¿dónde has estado metido todo este tiempo? ¿Dónde he estado yo, que no te he encontrado hasta ahora?
"La emoción es tan inmensa que intento abrir los ojos otra vez para ver si puedo ver alguna estrella allí en lo alto, mientras las notas se precipitan sobre mí igual que el granizo demoledor de la primavera, el que destruye flor y fruto, el copo traidor que ya nadie espera."


Érase una vez el fin es la confesión de un condenado, no necesariamente por la ley –aunque se la salte cuando haga falta–, sino por un entorno degradado y carente de dignidad, donde la solidaridad entre desheredados se ha vuelto puñalada en la espalda o en toda la cara. El reverso de un anuncio reciente del Gordo. 
Un Gijón con ecos de Vian, Goodis y Welsh se prepara para recibir la Navidad. Un pianista de hotel alcoholizado que todavía vive en casa de los padres contrae una deuda de juego que no alcanza los mil euros. Acosado por sus perseguidores, emprende una delirante huida en espiral en la que, como si fuera un Scrooge contemporáneo, sobre todo se dará de bruces con los fantasmas de su pasado. Esta novela de Pablo Rivero –uno de los más destacados representantes de «la literatura de barrio DC (después de Casavella)», según Kiko Amat– se pregunta si existe realmente la posibilidad de redención en un entorno marcado por la ausencia de perspectivas, el trabajo precario y el paro, los malos tratos, el odio de clase y el desprecio por uno mismo, las adicciones, la sordidez y el hastío. Y lo hace con un estilo adrenalínico marca de la casa; un chute de realidad.



Hay clímax que se crean que son únicos, palabras que por sí solas no dicen nada pero cuyo enfrentamiento y combinación embelesan, escenas que nos construyen que se prenden a la retina y ahí se quedan. Cuando se tiene la improbable suerte de encontrarnos todo esto de sopetón, en las primeras páginas de un libro que para más inri está escrito por un autor al que nos acercamos por primera vez, yo al menos no puedo evitar las sensaciones que describo en el primer párrafo de esta reseña: entusiasmo, contenido en parte, no lo niego (hay que seguir leyendo para valorar), pero los lectores tenemos desarrollado un sexto sentido para detectar a 'nuestros' escritores, y el mío, tras esos primeros párrafos, puso todo el protocolo de alerta a funcionar. Pero antes de contaros si tal despliegue de atención por mi parte ha tenido justificación, me vais a permitir que retroceda un poco en el tiempo y os explique de mis antojos por leer esta novela.

Os he dejado en esta ocasión, aunque no acostumbro a hacerlo, la sinopsis íntegra de la editorial, pues fue su lectura la que me convenció de leer este libro. Supe de él cuando se publicó a principios de año y, sinceramente, ya no recuerdo si me enteré por la prensa o tal vez por las redes sociales. Autor gijonés, novela ambientada en Gijón, como gijonesa que también soy, comprenderéis que me picara la curiosidad. Venía además de la mano de Anagrama, a la que bien podría coronar como editorial estrella de este humilde blog (y que conste que no tengo más relación con ella que la de gustarme sus libros), si bien es cierto que como todo en la vida, tampoco es infalible. Así que para allí me fui, para la página web de la editorial a indagar un poco más sobre esta novela, y tras leer la citada sinopsis, supe ya que tenía que leerla. Me prometía presentarme un Gijón muy diferente al que yo conozco, si bien he reconocido en él algunos escenarios y cierta idiosincrasia; también una voz nueva, incisiva, que no me dejaría indiferente, y esa me la encontré ya desde las primeras páginas; se me olvidaba, sin embargo, que las promesas no sólo portan regalo sino también veneno.
"No hubo nunca mayor muestra de amor, ninguna mejor bienvenida, que contemplar semejante sucesión de rostros hermosos, ver cómo caía la nieve sobre sus cuerpos desnudos, cómo los copos se fundían al contacto con la piel dejándolas mojadas. Qué hermosura notar cómo arde una mujer mientras nieva sobre ella."
It's snowing. Fotografía de Yeray Díaz Zbida

Tras esa entrada triunfal Pablo Rivero continúa regalándome fragmentos brillantes, sórdidos y a la vez bellos. Su prosa es como un espejo deformante que funciona al revés: limpia lo sucio, dignifica lo feo. El escritor gijonés posa su mirada en lo más ruin y lo torna poesía. Pero son fragmentos, y no solo porque destaquen entre otros menos trabajados (y no lo digo por su lenguaje zafio y vulgar, que de eso ya iba prevenida y tampoco me escandalizo con facilidad), sino porque actúan precisamente como eso, como fragmentos de espejo, afilados, cortantes, pero de superficie diáfana que devuelve su reflejo como pura nieve. La luz a veces ciega, el frío arde, la nieve hiela y quema. A la atmósfera de Gijón, ciudad en la que la nieve es harto improbable y no sólo en Navidad, la cruzan copos de esa nieve añorada por el protagonista de Rivero, los mismos copos que para mí cubren esos ecos de Vian, Goodis y Welsh, y los transforman en otros de Hans Christian Andersen. Gijón es La reina de las nieves y al mencionado protagonista se le ha metido algo en el ojo y se le ha clavado en el corazón.
"Estoy tan acostumbrado a la perversidad de mi mente, a este continuo caudal de maldad, que no hay asomo alguno de conciencia tras mis actos y creo adivinar en esta carestía del canon, en este baldío moral, la causa inmediata que me sume en un estado muy próximo al del enajenamiento."
El protagonista no tiene nombre, tan solo tiene voz pues es también narrador. No tiene nombre porque los perdedores carecen de él, con sus nombres no se escriben historias ni se escribe la Historia, son olvidables, prescindibles. Su voz, en cambio, sí se escucha y no se olvida. Rezuma odio, resentimiento y misoginia, lo cual no me supone ningún problema. No juzgo moralmente a los personajes de los libros que leo, al contrario, algunos son un estímulo para intentar comprender aquello que me causa rechazo. El problema para mí es otro.

Soy ajena a ese mundo de alcohol, drogas y violencia que nos anuncia la sinopsis y que me he encontrado en este libro, pero a mis casi cuarenta años continúo parasitando en casa de mis padres, la ausencia de perspectivas, el trabajo precario y el paro me suenan y mucho pues lo vivo en propias carnes, y confieso que el hastío me ronda y me corteja con insistencia, por lo que lo reconozco en cuanto aparece en esta historia y no puedo dejar de congratularme por el rescate de aquellos que, como yo, hemos sido condenados a un limbo social. El problema, como digo, es otro: el regodearse en la autocomplacencia, la insistencia, una visión demasiado simplista de la situación y un coqueteo excesivo con ciertos clichés, cosa que detesto (el que tienta los bordes corre el peligro de caerse). Ay, Pablo Rivero, con lo bien que ibas... Ganas me entran de darle una colleja a este niño malo (así nos lo venden, desconozco si se corresponde con la realidad) de las letras, y no como apercibimiento, sino como lectora exigente a un escritor que me ha demostrado que está muy por encima de esas torpezas.
"Hay también hombres jóvenes encerrados en su casa con los ojos en blanco. Personas partidas por la mitad [...] Anulados sociales que fueron, durante unos breves instantes, las mentes más brillantes de su generación. [...] El mundo cambió y los conocimientos ya no fueron necesarios. [...] Nos dijeron: "Al pobre sólo le resta el estudio, el sufrimiento y el sacrificio", y ni siquiera sirvió."
The Pianist. Fotografía de SPDP

La trama, que gira en torno a la contraída deuda de juego, es sencilla y se mantiene en segundo plano durante gran parte de la novela, por lo que comienzo a sospechar que es una mera excusa para la particular y fallida cruzada del autor que es esa crítica social y en ocasiones incluso política. Descubro luego que no es tal su intención, el odio desmedido por todo y hacia todos del protagonista no esconde más que el odio hacia si mismo, no en vano (recordemos) algo se le ha metido en el ojo y se le ha clavado en el corazón; su visión de todo cuanto le rodea, pues, no puede más que estar adulterada.
"Cada vez que alguien me demuestra algo a cambio de nada, coloca un espejo frente a la conciencia que nunca quiero ver."
Y así sigo transitando por esta novela, alternando entre la euforia y el desencanto, porque aunque lo primero se va difuminando y lo segundo cobra visos de ir adquiriendo más consistencia, hay algo en estas páginas que me mantiene pegada a ellas y que me incita a continuar. Mi perseverancia tiene premio pues asisto al comienzo del deshielo de ese corazón maltrecho, pero nuevamente es un premio envenenado (Pablo Rivero, deja el azucarero en casa que no te pega nada). Y es entonces, cuando menos me lo espero pues el libro ya toca a su fin, que el autor me cuela un gol por la escuadra, de esos dignos de ovación hasta para los que no nos gusta el futbol.

Con dos párrafos me maravilló al principio y con tres, y aún más breves, me cierra mi paisano el libro que tengo entre mis manos. Lo cierra él, yo soy incapaz de hacerlo dada mi sorpresa. Y lo hace de forma brillante, pocos escritores son capaces de hacerlo con tan pocas palabras. Cierra también mi boca y casi me hace tragar mis propias palabras. No voy a retractarme, sin embargo, hay cosillas que pulir en esta novela y sigo dudando entre matar a su autor a collejas o comérmelo a besos. Hay dos cosas sin embargo que no puedo evitar: una es rendirme ante la belleza creada con palabras, más cuando esa belleza se extrae de lo que no nos gusta mirar; la otra, es declarar mi admiración ante los escritores que tienen la habilidad de saber jugar con los lectores (jugar, no tomar el pelo). Este escritor ha conseguido ambas. Touché. Señor Rivero: a sus pies.
"Sentado frente al mar, contemplo la función que más ansío. El escenario es el mismo cielo gris de siempre. Un gris sin entraña. Un gris muerto en el que hoy, como una señal indolente, mezcla de austeridad y patetismo, se muestra un pequeño atisbo de luz crepuscular allá a lo lejos. Se diría que supera la línea del horizonte, y estremece ver al sol precipitarse al fondo del océano por un túnel de nubes tan densas y oscuras, y contemplar su vulnerable y última luminiscencia de tú a tú. El viento zarandea a una gaviota que sólo a veces logra mantenerse quieta unos instantes, suspendida con las alas extendidas frente a mí. La llegada inminente de la noche me inspira un triste destino: "Sufre, gaviota, ojalá una ráfaga de viento te estampe contra el mar y una ola traicionera te sumerja para siempre.""
Marítimo. Fotografía de David Álvarez López


Ficha del libro:
Título: Érase una vez el fin
Autor: Pablo Rivero
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 2016
Nº de páginas: 136
ISBN: 978-84-339-9804-0

Comentarios

  1. No lo conocía y creo que no me hubiera fijado en él, pero veo que te ha gustado muchísimo y me fío de tu opinión. Además, lo de que esté ambientado en Gijón también me llama mucho.
    ¡Un beso!

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    1. Da curiosidad, sí, pocos libros tienen lugares de Asturias como protagonistas fuera de nuestas pequeñas fronteras. Independientemente de ello, el libro, a pesar de los tironcillos de orejas que le doy a su autor, se defiendo por sí mismo.
      Besos

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  2. ¡Menudo descubrimiento, Lorena! Si te ha gustado y además lo comparas con Casadevella, este Pablo Rivero se merece un respeto y una atención del nivel que tú le has dado.
    Veo que te ha llegado muy adentro y que tú situación personal y laboral la has visto reflejada en esta novela. Pero además destacas la belleza de la prosa de este paisano tuyo que, dices, convierte en poesía aspectos sórdidos y ruines de la sociedad.
    Muchas gracias por descubrirnos una buena novela de un autor novel.
    Un beso

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    1. Conste que la comparación es cosa de la editorial. Al César lo que es del César.
      Sí que en parte me he visto reflejada aunque los ambientes que describe son muy distintos a los que yo vivo. También patina un poco en ese aspecto como comento, aunque en parte luego se descubre que es la visión de su protagonista. Y sí, me ha gustado mucho cómo escribe Rivero (espero no crear con esto demasiadas expectativas).
      Un placer descubriros a escritores porque a mí también me gusta cuando vosotros me los decubrís. Por cierto, el autor tiene alguna novela anterior a esta, aunque publicadas por editoriales menos potentes que Anagrama.
      Besos

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  3. ¡¡Ufff!! tras leer tu reseña el libro se me empieza a hacer imprescindible. Si te ha transmitido tantas cosas, sin duda merece la pena mucho. Me encanta la ambientación, la deuda de juego, en fin, todo. Me recuerda, y no tendrá nada que ver, "El invierno en Lisboa". El humo, el bar, el pianista, el peligro que le acecha...
    Lo apunto "en la parte de arriba"
    Un beso.

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    1. Pues menos mal que le he puesto sus peros... ;) La verdad que me ha transmitido muchísimo, ya ves que de un libro cortito me ha salido una reseña bastante larga.
      No he leído el libro de Muñoz Molina que mencionas así que no te puedo decir.
      Me gustará conocer tus impresiones.
      Besos

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  4. Cómo me gustan tus reseñas... Y también que nos traigas estos títulos a los que yo al menos no llegaría por mí misma. Me ha gustado mucho lo que nos cuentas, me gustan los fragmentos que has elegido, y me gusta esa oscilación entre el desencanto y la euforia que acaba tan bien.
    Besos.

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    1. Pues sí, ha sido un poco montaña rusa mi periplo por esta historia, pero al final me quedo con los puntos álgidos que son muchos.
      Un placer volver a tenerte por aquí.
      Besos

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  5. En pocas palabras sin transmitir la mitad de lo que tú dices: es una obra de arte. Y eso que la portada no te dice mucho pero... merece su lectura sólo por lo que te ha hecho sentir.

    ¡Yo también quiero vivir con entusiasmo sus palabras!

    Abrazos dulces,
    Noa

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    1. Yo siempre me fijo en las portadas de Anagrama porque son muy reconocibles, es decir, sabes en cuanto las ves que corresponden a un libro de Anagrama, y como es una editorial que me gusta, pues eso, que me fijo.
      Lo que no me ha quedado muy claro es si has leído o no el libro. En cualquier caso te agradezo la visita, la lectura y el comentario.
      Besos

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  6. No me sonaba de nada ni siquiera el autor. Y veo que tengo que apuntar bien su nombre. Fantástica reseña que deja con muchísimas ganas de lanzarse a la búsqueda de este libro.
    Besotes!!!

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    1. Yo lo descubrí un poco de casualidad. Espero que te guste si lo lees.
      Besos

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  7. Como siempre me sorprendes con un nuevo título interesante, que sea asturiano también es atrayente para mí, porque aunque sea de León he vivido muchos años por allí y me apasiona todo lo asturiano.Y Gijón tiene mucho encanto.

    A pesar de esos peros si te ha convencido tanto con su final creo que no lo dejaré escapar.

    Besitos

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    1. Sí que le he encontrado alguna cosilla pero en conjunto me he quedado más que satisfecha con esta lectura. Me alegra saber que te planteas darle una oportunidad, eso sí, no sé si el Gijón que muestra Rivero te recordará al que conociste tú.
      Besos

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  8. Qué agitación cuando un autor, un libro, te encuentra ¿verdad? Quiero ver (tal vez reconocer) ese Gijón que recrea Pablo, tal vez a mí me sea más reconocible. Y que me meta un gol por la escuadra, si es el c aso también.

    Un abrazo

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    1. Sí, qué sensación, pero también quiero recordar que durante toda la reseña vengo dando tanto al libro como al autor una de cal y otra de arena. También, ya sabes, que lo que nos transmiten los libros es algo muy personal.
      Quién sabe si el Gijón que nos presenta Rivero se parece más al tuyo o al mío. Y respecto al final, el autor me tiene tan despistada que no lo veo venir. Tal vez tú, si te animas a leerlo, seas más suspicaz que yo. En cualquier caso, me encantará conocer tu opinión.
      Un abrazo

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  9. He seguido tu reseña con atención porque me han llegado ecos de este autor y bueno, sigo sin tenerlo del todo claro. Lo mejor será probar, eso por descontado, pero hay algo pretencioso en esos fragmentos y si por ejemplo me enganchó "Trainspotting", ya que la editorial menciona a Welsh (se refiere a ese, ¿no?) fue por su autenticidad, porque podía sentir ese descarnamiento y falta de perspectivas de una clase obrera depauperada a la que se le ha arrebatado su identidad a cambio de sustitutivos, sean drogas, juego o telebasura. También me gusta que dejes alguna coletilla personal en tus reseñas, ya nos vamos conociendo y cada visita tiene un aire de familiaridad.
    Un abrazo y buen finde.

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    1. Me gusta tu prudencia y contención. Creo que las comparaciones (se recurre a ellas muchas veces para vender un libro) las más de las veces no son buenas: generan demasiadas expectativas y tampoco son justas con el libro y autor en cuestión. Creo que es mejor acercarse a los libros sin buscar ese tipo de referencias. Y sí, me imagino que el Welsh citado sea el de "Trainspotting".
      Este libro tiene muchas cosas que me han gustado y algunas de ellas me han gustado mucho pero, como digo, hay cosillas que hay que pulir. Se refleja esa falta de perspectivas, yo la sufro y enseguida la he reconocido, pero por otra parte, y aunque sé que resulta tentador echar la culpa de lo que a uno le pasa al resto de la humanidad, el autor entra como en bucle. Es verdad que luego, cuando el protagonista (y también narrador, esto es importante) desvela un suceso personal del pasado, me doy cuenta de que ese odio que destila hacia todo y todos enmascara un odio hacia sí mismo. Vamos, que no creo que la principal intención del autor sea hacer una crítica social (si es así, cojea y mucho).
      Hay fragmentos que me han gustado mucho y me han ofrecido imágenes poderosas pero también es verdad que a veces lo he encontrado un poco forzado.
      Esta lectura para mí ha sido un poco montaña rusa. Absuelvo al final a su autor por esos momentos de entusiasmo que me ha provocado y por ese final que me ha brindado cuando ya no lo esperaba (estoy con la duda de si ciertos puntos que le he criticado los ha hecho a posta para que el lector baje la guardia y poder causarle esa sorpresa final). Tiene cosas este autor que me gustan y que además creo son difíciles de encontrar juntas en un mismo escritor., pero hay que pulir, hay que rebajar, a veces (casi siempre) menos es más.
      Es un libro que no he visto por la 'familia blogosférica', así que dado el maremágnum de sensaciones que me ha provocado, si te animas a leerlo y reseñarlo, me encantará compartir impresiones.
      Un abrazo

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  10. Hola Lorena,
    Justo te dejaba un comentario que me estaba costando entrar en tu blog y me salía la página en blanco cuando he podido acceder, así que supongo que era algún problema con mi explorador.
    Sobre la lectura que propones, es cierto que a lo largo de la reseña has ido avisando que hay aspectos que pulir, aunque parece que te ha dejado una buena impresión.
    Y me ha gustado alguna de las frases que has reseñado, me han resonado y cuando eso me pasa es que me está conectanda con alguna parte en la que me gustaría profundizar, así que lo apunto aunque no sé cuándo le haré un hueco, pero estar esguro que estará.
    Un beso guapa

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    1. Si que hay cosillas que pulir pero también es un autor al que le veo mucho potencial si consigue solventar esas cosillas. Hay muchas cosas en este libro que me han gustado y mucho.
      Si te animas a profundizar en él, me encantará conocer tu opinión.
      Besos

      PD.: no sé cual habrá sido el problema pero me alegra que se haya solucionado y hayas podido dejar tu comentario.

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  11. Te vengo leyendo desde hace un tiempo porque me gustan tus entradas. Pero con esta entrada te has superado. De todas las reseñas que te he leído, creo que ésta es la mejor, y se nota que eres una gran lectora, por cosas como ésta:
    “No juzgo moralmente a los personajes de los libros que leo, al contrario, algunos son un estímulo para intentar comprender aquello que me causa rechazo”.

    O ésta:
    “mi admiración ante los escritores que tienen la habilidad de saber jugar con los lectores (jugar, no tomar el pelo)”.

    Además de lo bien que explicas algunas sensaciones. Ojalá mis reseñas me salgan tan bien como las tuyas.

    Intentaré leer esta novela (el autor me sonaba, pero conocer no lo conocía) porque me ha llamado mucho la atención, y además yo también me siento interpelado por mi situación personal, y porque pese a los defectos que comentas me han convencido más los aciertos. Además, no sería el primer libro que leyese con un contraste tan grande me llevase del cielo al fango.
    Un abrazo, y gracias por entradas así :)

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    1. Las gracias a ti. Estoy por enmarcar tu comentario.
      Este libro creo que entusiasma, que no llega o bien como en mi caso, provoca una mezcla de sensaciones. Veremos qué impresiones te causa a ti.
      Un abrazo

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