Una hermosa doncella - Joyce Carol Oates

"En un reino junto al mar habitaba una Hermosa Doncella. Y el Rey de este reino era viejo y deseaba morir, porque había vivido mucho tiempo y estaba listo para morir, pero temía a la Muerte, que se burlaba de él."
La hermosa doncella se llama Katya Spivak; el Rey, Marcus Kidder. Y si empiezo esta reseña a modo de Érase una vez, es porque la novela sobre la que versa, aun siendo contemporánea, tiene reminiscencias de cuento clásico. Y si pienso renunciar a concluirla con un y fueron felices y comieron perdices, es porque la felicidad, muchas veces, dista mucho de lo esperado o de lo que nos dicen que es. Y si me niego en su lugar a colocar un colorín colorado este cuento se ha acabado, es porque, por mucho que se cierren su páginas, una historia nunca acaba cuando sus ecos resuenan, cuando se queda a vivir en ti.

Katya Spivak pasa el verano en Bayhead Harbor en casa de un matrimonio pudiente a cargo de sus dos hijos. Un día que pasea con los dos pequeños se encuentra con un caballero. Ella tiene dieciséis años; él, en torno a los setenta. Katya no prestaría atención normalmente a un hombre de esa edad pero su cabellera canosa, su estilo elegante y su peculiar forma de dirigirse a ella, educada, pintoresca e incluso un poco graciosa, se confabulan para que la muchacha entable conversación con él de forma distendida. Será ese el primer encuentro de varios a través de los cuales se va forjando una relación más íntima, asfixiante a veces, contradictoria siempre.

Katya es joven pero no ingenua. Ve el deseo en los ojos del hombre, lo percibe en su turbación. Y Katya juega, porque se cree lista aunque tal vez sea más ingenua de lo que piensa, porque sabe, ya ha tenido tiempo de aprender. Sabe que "una mujer es su cuerpo" y que "un hombre puede ser muchas cosas, no sólo su cuerpo." Sabe también reconocer ese instante en la mirada de un hombre en el que su rostro se cierra, esos momentos en los que una mujer debe decir al oído de un hombre lo que éste quiere escuchar. Así que Katya, hija de jugador, tira los dados y juega.

Esa relación de dominio del hombre sobre la mujer con mezcla de sexualidad y violencia, sin ser protagonista o mostrarse de forma explícita, es una constante en la obra de Joyce Carol Oates, o, al menos, en los libros suyos que llevo leídos hasta ahora (podéis leer las reseñas de algunos de ellos aquí). Y otra constante, además de elogiosa y admirable virtud, en la autora neoyorquina, es su asombrosa capacidad y sagacidad para bucear e indagar en lo más oscuro de la condición humana, lo más íntimo, aquello que callamos, que no queremos pronunciar ni reconocer, eso que nos mantiene pegados a sus historias y su personajes porque, por muy diferentes de nosotros que puedan parecer, son un fiel espejo de toda la ambivalencia y contradicción que llevamos dentro.

Esta historia que os traigo hoy, tal vez carezca de las palabras-cuchillas de otras de la autora, pero, sin duda, sus frases abren abismos bajo nuestros pies. Oates extrema aquí su sutileza y la alía con la sensualidad y un punto de inocencia que, sin embargo, nos deja un regusto agridulce que nos incomoda, como un caramelo envenenado, como la contraprestación a toda recompensa. Sufrimos con Katya, la entendemos, la abrazamos. La autora nos mantiene pegados a su aliento porque crea una atmósfera hipnótica para ella y el señor Kidder. Parece no existir nada más. El hilo que los une, al ir regándose y alimentándose, se estrecha como por arte de magia.
"Hay un término alemán, heimweh, añoranza. Es una sensación poderosa, como un narcótico. Una nostalgia del hogar, pero también de algo más, de un yo pasado, quizás. Un yo perdido. La primera vez que te vi en la calle, Katya, tuve esa sensación... No sé por qué."
Tal vez sea ese yo perdido lo que intenta recuperar Marcus Kidder a través de Katya. Se percibe como un flujo de energía entre el despertar a la vida de la joven niñera y el ocaso del distinguido caballero. Porque el señor Kidder, por muy entrañable y encantador que pueda parecer, no es un títere en las manos de nuestra particular Lolita. Algo esconde, algo quiere. Pareciera como si quisiera moldear a Katya tal como al cristal reconvertido en flores que adornan su hogar.
"Así, despacio, despacio, vino ella, y despacio se acercó a él. Y lo único que dijo cuando llegó: "Joven, creo que te estás muriendo"."
Y la joven es en este caso la que se acerca, despacio e, incluso a veces, retrocediendo.

Transparet dice. Fotografía de Luis Romero

Ella viene de una familia en la que siempre ha faltado el dinero. Pero no es sólo el alto nivel adquisitivo de él lo que la atrae, sino, también, todo lo que lo rodea: la elegancia, la distinción, las buenas formas, la cultura,... Poco a poco le van atrayendo más cosas de él, porque a Katya no sólo le ha faltado el dinero, sino el cariño, la atención. Su padre se fue siendo ella niña y aún espera a que regrese; su madre le pide un gran favor y ni siquiera se acuerda de llamarla para agradecérselo, sus hermanas no se preocupan por ella,... Está sola en Bayhead Harbor, tan solo cuenta con el cariño que deposita en sus dos pupilos que tras el verano se olvidarán de ella. Pero el señor Kidder la ve, a ella, su mirada traspasa su piel, su mente lee sus pensamientos. Y a Katya nunca nadie la había visto.
"Tu cuerpo no es más que un recipiente de tu alma: tu cuerpo perfecto es el recipiente de tu alma perfecta. Y es tu alma, Katya, lo que deseo retratar."
Y lo que Joyce Carol Oates retrata magistralmente para nosotros es la lucha interior que vive Katya, esa mezcla de repulsión con los nuevos sentimientos que le despierta el señor Kidder, ese contraste entre sentirse sucia y el poder purificador del amor.

"Cuando alguien es amable contigo, te sientes más vulnerable que nunca", y cuando te sientes querido, bajas las defensas, cedes las barreras, te sientes desarmado, indefenso. Porque el anhelo más secreto de todos es sentirnos únicos y especiales para alguien. Porque el miedo más íntimo es el no sentirse querido y el sentirse rechazado, la soledad. Esa es la historia que vivimos todos una y otra vez y que, como los cuentos clásicos, es universal. Por eso aquí no vale el fueron felices y comieron perdices. Por eso está negado el colorín colorado este cuento se ha acabado. Todos somos hermosas doncellas a la espera de ser vistas y tocadas por la mirada de su Rey. Todos estamos condenados a un perpetuo érase una vez.
"El slap-slap-slap de las olas era hipnótico, y, sin embargo, lo cierto es que el océano es un lugar duro e inhumano, y al adentrase en las olas puede romper de pronto una que nos derribe, nos revuelque, nos llene la boca de agua salada y arena; en unos segundos, una puede ahogarse si no la quieren y no la protegen." 
"No existe miedo más primitivo que el miedo a que no nos amen y no nos protejan."
Playa. Fotografía de Alex García




Ficha del libro:
Título: Una hermosa doncella
Autora: Joyce Carol Oates
Traductora: María Luisa Rodríguez Tapia
Editorial: Alfaguara
Año de publicación: 2011
Nº de páginas: 224
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Comentarios

  1. Esta autora me llama bastante la atención, pero por una cosa u otra no he leído nada de ella. Tu magnífica reseña ha despertado mi interes por esta novela. Un saludo.

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    1. Pues me alegra haber despertado tu interés. Es una grandísima escritora.
      Besos

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  2. Me enamoré de la autora hace muchos años. He leído mucho de ella, las novelas casi todas, salvo aquellas primeras que están descatalogadas. Tengo pendiente este verano solicitar en préstamo interbibliotecario "Qué fue de los Mulvaney" el título primero que apunté de la autora y que por vicisitudes mil, no llegué nunca a leer. Lo haré cuando vuelva del viaje que tengo planeado.
    Esta novela que reseñas, la leí hace unos años para la tertulia del instituto. Es de lo más corto que tiene y es una maravilla. Tu reseña me la ha recordado: ese slap, slap de las olas, es genial.
    Miraré el resto de reseñas de la autora que tienes. En mi blog, creo que es de las más tratadas.
    Un beso.

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    1. Yo solo he leído cuatro y con lo prolífica que es tengo un montón suyos pendientes. La descubrí con "La hija del sepulturero". De esa no tengo reseña porque ni me imaginaba por aquel entonces que alguna vez tendría un blog. Sí la hay de "Ave del paraíso" y de su magnífico libro de relatos "Mágico, sombrío, impenetrable". Si te animas a leerlas sé indulgente, especialmente con la primera, pues fue de mis primeras reseñas.
      Sí, ese slap slap, al igual que toda la prosa de esta novela, es hipnótico, te sumerge en la trama y en el interior de Katya.
      Besos

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  3. Otra autora pendiente. Y demasiadas señales a mí alrededor están sonando en torno a ella. Como no creo en las casualidades ni en las coincidencias voy a tener que hacer caso a esas señales, además ya sabes lo que me gustan los abismos :)

    Un abrazo

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    1. Pues haz caso a las señales, ya sabes que son los libros los que nos eligen. En este caso, la autora.
      Un abrazo

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  4. A mí me sucede como a Ana Blasfemia, que aún no me he estrenado con ella, y ya va siendo hora. Tengo en casa dos o tres de sus títulos. Creo que habrá que ponerse a la labor con ella, porque reseñas cómo está tuya, paxaru, me invitan a ponerme ya a ello.
    Besos

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    1. Pues aprovecha que la tienes en casa y no la hagas esperar más. Seguro que no te decepciona, Juan Carlos.
      Besos

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  5. El argumento es más que interesante y provocador. Pero a la vez, me parece difícil salir airoso, no caer en truculencias y dar profundidad a esos personajes que en apariencia tan poco tienen en común. Una historia con muchas aristas, como me gustan, la tengo en cuenta.
    Abrazos.

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    1. Fue precisamente ese argumento lo que me hizo decantarme por esta novela entre tantas de la autora que tengo pendientes. El personaje de Katya, que es en el que más se indaga pues la historia está contada desde su perspectiva, en mi opinión está genialmente retratado con todas sus contradicciones y conflictos. Su partenaire es algo más enigmático. Me sorprendió a lo que derivó el libro, pero es parte de 'cuento' que menciono y tampoco puedo explicar más sin desvelar más de lo que debo. Ya me contarás si te animas.
      Un abrazo

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  6. Me estrené con la autora hace poquito y quiero repetir. Me dejó buen sabor de boca.
    Un beso ;)

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    1. Pues tienes para elegir para repetir con ella. Elijas el que elijas, que lo disfrutes.
      Besos

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  7. Sé que siempre me repito en mis mensajes, pero esta autora me ha llamado poderosamente la atención con tu reseña. O concretando más: este título en concreto. Porque lo que expresas es algo a lo que, casualidades de la vida, le estoy dando vueltas últimamente. Toda esa satisfacción de sentirnos especiales para alguien y el miedo a la soledad, me encanta como lo has explicado.
    Ando fatal de tiempo, pero me apunto este título en mi lista de pendientes.
    ¡Un abrazo!

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    1. Creo que son sentimientos universales, esa necesidad de afecto y de sentirnos únicos para alguien y, como contrapartida, el miedo precisamente a la ausencia de ello, lo que se traduce en soledad.
      Ay, también yo quisiera tiempo para leer mucho más.
      Un abrazo

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  8. ¡¡Estupenda reseña!!
    No he leído nada de la autora todavía, sí, es para matarme, así que lo apunto por si puedo hacerle un hueco...
    Un abrazo!!

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    1. No puedo más que recomendártela. Espero que te guste.
      Un abrazo

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  9. Qué buena la cita final. Una autora con la que todavía no me he estrenado, aunque no sé si lo haré con este título. Un besote!

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    1. Muy buena porque es muy cierta. Tienes muchos títulos suyos para elegir; seguro que encuentras alguno de tu interés.
      Besos

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  10. He visto muchos libros de esta autora, pero nunca me he lanzado a leer algo suyo. Buena cita la del final. Un beso.

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    1. Yo es el cuarto libro suyo que leo y seguro que no será el último.
      Besos

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