El amante - Marguerite Duras

Estoy pensando en el fluir de los acontecimientos de la vida: a dónde nos llevan, nos arrastran, nos llevan de vuelta, nos giran y nos dejan en el mismo lugar. Estoy pensando si todo está predeterminado, si nos guía el contexto o si hay algo intrínseco en cada persona que codifica su mapa vital. Y pienso todo esto mientras la leo a ella; ella, que se escribe, que se cuenta, que se desdobla y es dos ellas: la de entonces y la de ahora (que también es entonces pues ya es pasado), la niña y la mujer vivida, la tercera persona del singular y la primera. Ella, que es la niña que anuncia a la mujer; ella, que es la mujer que se cuenta a través de la niña. Ella, que es todas. Ella, que es una.
"La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea."

Y la pienso y la veo en ese puente, en ese transbordador; y pienso en la idoneidad y posibilidad de ambas palabras: puente y transbordador. Pienso también en ese río bajo el puente y sobre el que surca el transbordador; un río que arrastra hacia el océano, en el que nada se hunde, en el que todo se queda en la superficie; todo se va y todo permanece. Y veo su cuerpo menudo, piel suave lavada por la lluvia tropical, diminuta silueta moldeada por la asfixiante y cálida atmósfera; ese cuerpo incipiente que apenas despierta a la pubertad, elevado en tacones insólitos. Veo también su rostro baja el ala del complemento atrevido que es un sombrero masculino; sombrero que no esconde sino realza, encuadra la mirada, esos ojos que dicen todo, esos ojos en los que está todo.

Son quince años y medio, y el medio es importante. Porque medio año a ciertas edades es una vida; porque año y medio es lo que resta para los diecisiete. Los diecisiete, otra edad decisiva. A los diecisiete, otra vez el agua y sus corrientes desplazan su vida; a los diecisiete, comienza su vejez, su rostro devastado, aún bello pero anunciando lo que está por venir. Pero ahora (entonces) son quince y medio; y a los quince y medio termina su infancia. A los quince y medio inicia el cisma en una familia que siempre bordeó el abismo. A los quince años y medio, ella sabe.
"Distingue cada vez menos claramente los límites de su cuerpo, no es como los otros, no está acabado, en la habitación sigue creciendo, aún no ha alcanzado las formas definitivas, se hace a cada instante, no solo está ahí donde lo ve, también está en otras partes, se extiende más allá de la vista, hacia el juego, la muerte, es flexible, se lanza todo entero al placer como si fuera mayor, en edad, carece de malicia, es de una inteligencia terrible."
Su atuendo no es el más apropiado para una adolescente que acude al instituto; anuncia a la niña prostituta, podrían decir. Pero no, no, no. No son los tacones. No es el sombrero masculino. Es su mirada. Su mirada habla; su mirada sabe. Yo lo veo. Él lo ve. 
"Me habla, dice que enseguida supo, ya desde la travesía del barco, que yo sería así después de mi primer amante, que amaría el amor."
Ella, blanca; él, chino. Él, rico; ella, con escasas posibilidades, educada bajo la máxima materna de salir, de escapar,...
"Está donde es preciso que esté, desterrada."
La madre, la madre, la madre... ("Mi madre pasaba cada día por esa tremenda desgana de vivir"). Y los dos hermanos. El mayor, fuerte; el menor, débil. Y pienso, ahora que he leído y que por tanto sé, si puede haber fortaleza en alguien que está incapacitado para la felicidad, es más, en alguien que es incapaz de procurar felicidad. Y veo a los cuatro (la madre y los tres hermanos) orbitando unos alrededor de los otros, órbitas sujetas a fuerzas centrípetas y centrífugas: amor y odio.

La madre y los hermanos. Que no nombran. Que consienten. Que no tienden pero ponen la mano.

Antigua casa de Huynh Thuy Le (amante chino de Marguerite Duras) en Sa Dec, Vietnam. Fotografía de Jean-Pierre Dalbéra

Ellos dos orbitan juntos bajo la fuerza centrípeta del deseo. Todos los fluidos corporales impregnan su piel. Él, doce años mayor que ella pero en ocasiones más niño. En la mirada de ella había sabiduría; en la de él, miedo ("es un hombre que tiene hábitos, pienso de repente respecto a él, debe venir relativamente a menudo a esta habitación, es un hombre que debe hacer mucho el amor, es un hombre que tiene miedo, debe hacer mucho el amor para luchar contra el miedo"). En la alegría y el goce compartido hay tristeza. En todo comienzo hay una despedida. En cada éxtasis, una pequeña muerte.

Ella y él orbitan también bajo la fuerza centrífuga de los convencionalismos sociales. La Indochina francesa de entonces que ahora es Vietnam tiene sus reglas no escritas. Los mundos distintos no han de tocarse. Las razas y el dinero son fronteras. La juventud y la osadía no se perdonan.
"Las dos aisladas. Solas, reinas. Su desgracia es evidente. Abocadas las dos a la difamación debido a la naturaleza del cuerpo que poseen, acariciado por los amantes, besado por sus bocas, entregadas a la infamia del goce hasta morir, dicen, hasta morir de ese amor misterioso de los amantes sin amor. De eso es de lo que se trata, de esas ganas de morir. Eso emana de ellas, de sus habitaciones, esa muerte tan poderosa que la ciudad entera está al corriente, los puestos de la selva, las capitales de provincias, las recepciones, los bailes lentos de las administraciones generales."
No saben los que hablan, los que susurran, los que vuelven la cara, aquellos que reprochan y juzgan con la mirada, no quieren saber, que sus ciudades y sus selvas son pábulo para la locura, el miedo, la soledad y el dolor. Que son ellas las que arrastran y que, al igual que el río que las baña, niegan incluso el hundimiento. Sólo queda dejarse arrastrar, por lo que se es o por lo que han hecho que se sea. La corriente lleva, la corriente trae y no hay queja cuando uno se lanza de cabeza a ella.
"Creo que mi vida ha empezado a mostrárseme. Creo que ya sé decírmelo, tengo vagamente ganas de morir. Ya no vuelvo a separar esa palabra de mi vida. Creo que tengo, vagamente, ganas de estar sola e incluso me doy cuenta de que ya no estoy sola desde que dejé la infancia, la familia del Cazador. Escribiré libros. Eso es lo que vislumbro más allá del instante, en el gran desierto bajo cuyos trazos se me aparece la amplitud de mi vida."
Y pienso, pienso, pienso. Y siento, siento, siento. Porque pensar y sentir son sinónimos cuando se escribe como escribía Marguerite Duras. Y porque no concibo pensar este libro sin sentirlo.

AP2478-Edmond Morin - Hue, 1930 - El puente Clemenceau en su esplendor. Fotografía de manhhal




Ficha del libro:
Título: El amante
Autora: Marguerite Duras
Traductora: Ana María Moix
Editorial: Tusquets
Año de publicación: 2010
Nº de páginas: 128
ISBN: 978-84-8383-572-2

Comentarios

  1. Leí este libro hace muchos años, concretamente cuando se estrenó la película porque quería leerlo antes de verla. Me gustó bastante, por supuesto, mucho más que la peli, que encontré un tanto artificiosa (algo así como mucho ruido y pocas nueces). Años después leí "El amante de la China del norte" donde retoma la historia.
    Tu reseña es fantástica. Ha hecho que desee leerlo de nuevo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La película no la he visto y creo que prefiero quedarme con lo que me ha transmitido el libro. He leído que en "El amante de la China del norte" Marguerite Duras profundiza más en esta parte de su biografía, lo cual resulta tentador. Aunque si te soy sincera, ahora mismo lo que más me apetece leer suyo es una edición de su libro "La vida tranquila" traducido por Alejandra Pizarnik; se me antoja una combinación irresistible. Lo que está claro es que este primer encuentro con la autora francesa me ha dejado con ganas de seguir leyéndola y conociéndola a través de su obra.
      Anímate con una relectura. Seguro que gana en matices.
      Besos

      Eliminar
  2. Pedazo de reseña! Si es que es imposible irse sin querer leer este libro. Si lo siento la mitad de lo que sentido tu reseña, ya me quedo satisfecha.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Seguro que sientes mucho más. Si te animas, me cuentas.
      Besos

      Eliminar
  3. Mi próxima (re)lectura de Duras tras haber leído La vida Tranquila. Me pregunto si me pasará como con Nada que disfruté todavía más leyéndola ahora que cuando lo hice hace veinte años o, por el contrario, me decepcionará. Las expectativas las tengo altas, lo recuerdo un libro hermoso, y tras leerte creo que me gustará aun más. Sí. Espero. Ya te contaré.
    Un besote gordo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como le comentaba a Rosa, tengo muchas ganas de leer "La vida tranquila". Últimamente lo veo mucho por las redes y habéis conseguido ponerme los dientes largos.
      Es cierto que a veces un libro nos deja tan buenas sensaciones que se mitifican en el recuerdo y luego no se corresponden a la realidad o, más bien, es que nosotros estamos en un momento vital diferente. Sin embargo, pienso que hay libros, como éste o como también es el caso de "Nada" (ya que lo mencionas), que cuanto más se vive y más experiencias se acumulan más se disfrutan (o sufren), porque somos capaces de detectar lo que esconde esa hermosura. Estoy segura de que lo disfrutarás. Ya me contarás.
      Besos

      Eliminar
  4. Lo leí hace muchos años y no recuerdo apenas nada. Me estás tentando con tu reseña, la verdad es que sería una buena relectura. Parece mentira que se pueda conjugar sentir y pensar, pero si Durás lo consigue, es otro punto a favor para acercarse otra vez a esta autora.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando se escribe así, de manera tan sensorial, y basándose además en las propias vivencias, pienso que la reflexión inherente al acto de escribir ha debido ser tamizada por los sentimientos. Y la lectura de este libro lo impregna y lo invade todo, por lo que es muy difícil pensar en él o en los temas que toca sin re-sentirlo.
      Me alegra haberte tentado a la relectura. A ver si te animas.
      Un abrazo

      Eliminar
  5. Ay, Duras... qué escritora más sensorial... Me encanta. Tengo pendiente la relectura de este libro (y la versión de "El amante de la China del Norte"), aunque en verdad tengo a Duras con varios libros por ahí. Era una escritora extraordinaria, y una vida de esas en las que me gusta sumergirme...

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sí, a mí también me ha encantado. Así que espero seguir leyendo más de ella y seguir sumergiéndome también en su vida.
      Un abrazo

      Eliminar
  6. Sabía que El amante es la novela más famosa de Duras, pero no sabía que era biográfica ni tampoco que tuviera una segunda parte. Lo que sí he leído es que es la novela más accesible, más comercial por así decirlo.
    De Duras leí "La tarde del señor Andesmas", una novela muy introspectiva y con poca acción, que me dejó buen sabor de boca y aún tengo pendiente por reseñar algún día. Pero no sé si antes de reseñarla debería leerme algo más de esta autora, quizás para tener aún una perspectiva muy amplia.
    ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sé que es la más conocida y en algún sitio he leído que no es la mejor, lo que acrecienta aún más mis ganas de seguir leyendo a Duras.
      No conocía el título que señalas , y respecto a tu posible reseña, depende de cómo la quieras enfocar.
      Un abrazo

      Eliminar
  7. Qué preciosidad de reseña...me ha encantado y no me ha dejado dudas a la hora de querer leer este título. Lo tenía guardado en Pinterest y alguna reseña negativa hicieron que lo descartase, pero veo que fue un error. Lo leeré.

    Besitos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Supongo que habrá a quien no le guste. Es una novela muy íntima y escrita de una forma un tanto particular. Pero es pura poesía y sensibilidad, así que espero que la disfrutes si te animas a leerla.
      Besos

      Eliminar

Publicar un comentario

Gracias por tu tiempo.
Participa siempre con libertad y respeto.
Por favor, no dejes enlaces a otras webs o blogs. Si quieres ponerte en contacto conmigo por motivos ajenos a esta entrada utiliza el formulario habilitado para ello en la pestaña Información y contacto.

Entradas populares