La cama - Vanessa Gutiérrez

La palabra mejor es aquella que
se asemeja al verso siendo prosa
y a la prosa siendo verso. 
ABU HAYÁN AL-TAUHIDI
Este es el embozo de esta cama literaria. La parte externa de la sábana oculta que preludia el estampado que reproduce esta. La que nos anuncia el tejido que trazan sus fibras.

Me peleo al deshacer la cama. Me acuesto en ella y doy vueltas sin conciliarme. Sin conciliarme de conciliar-me. Sin conciliarme de re-conciliar-me. Sin conciliar sueños, también («Entendiste además, que, si no mejor, eres más tú cuando te encierras como un ovillo de sueños»). Me ovillo. Me acomodo en mi incomodo. Entiendo. Me pasa con esta prosa como me pasa muchas veces con la poesía: me desubico, y a veces me dan más pistas los breves poemas y citas (magnífica selección) que encabezan cada relato-capítulo de este libro que su prosa misma. Pero hay algo que me hace seguir: un punto de conexión, muchos puntos de conexión, y mi mente los va uniendo como cuando en esos pasatiempos infantiles uníamos los puntos para construir un dibujo. Tardamos poco en olvidar esos puntos primigenios. Tardamos, a veces, demasiado en recordarlos. Pero los puntos cuentan, vaya si cuentan, y aun es más lo que podrían contar si echáramos la vista atrás y nos detuviéramos a escuchar-nos.
«También podría contar las caricias de una vieja cama de roble [...] en que murieron todas las mujeres de mi familia. Una a una: generación a generación, hasta el día en que yo claudique».
La cama. La cama de Vanessa Gutiérrez. La cama que fuera de su madre, de su abuela, su bisabuela, de todas las que fueron antes que ella. La cama que ya no es de Vanessa. La cama que ya no es. Vacío. Hueco. Escisión. Orfandad. La cama que re-concilia («Ninguna vuelta al pasado se debe hacer para quedarse»). Entiendo.

La cama es de Vanessa, sí. La hace (o la deshace) para sí. Pienso al principio, no sé por qué, que le habla a la madre, pero en seguida la sigo leyendo como una carta para sí. Ella me lo confirma con su rúbrica final: «entiendo que esta composición que se iba completando era una especie de canto a mí misma». Entiende.

Vuelve a esa cama que ya no es. A lo que simboliza. «El deber era nacer allí; yacer allí; morir allí como habían hecho todas las mujeres de tu familia hasta donde tienes recuerdos». Casi me dan ganas de añadir: parir allí. O: por los siglos de los siglos, amén.

La sentencia asusta. La condena pesa. ¿Qué nos queda? ¿Qué le quedó a Vanessa? ¿Quedarse? ¿Irse? ¿Adónde? Huir no es liberarse.
«Y así fuiste alejándote sin darte cuenta de que un día estarías lo bastante perdida como para no saber regresar. Regresar y arrepentirte por no entender en tiempo y en forma que la decepción es esta truculenta relación que tú sola tienes contigo».
Esta cama es despojarse. Enmarañarse en el enredo de su ropaje y conseguir salir de él. Salir como llega victoriosa la mañana tras una noche de insomnio transcurrida en duermevela.

Esta cama es despojarse de lo superfluo. Agarrarnos a la tierra, a la vida. Todo lo que se nos ocurra que se puede hacer en una cama está pegado a la vida en mayúsculas, es su esencia misma.

Llego a este libro-cama por casualidad. Me lo encuentro en un estante de la biblioteca. No sé por qué sus ojos reparan en él (él, tan delgadito, tan poca cosa, titánica lucha de lo minúsculo). Vanessa Gutiérrez, leo. La conozco de oídas; la asocio con poesía y literatura en asturianu pero me alegra encontrarme con esta prosa suya en español. Recuerdo a Dolores Medio, casi recién leída, y me pregunto por qué leo tan pocos autores de la tierrina. La cama, reza el título (minúsculo elogio a la sencillez). Volteo el libro y lo que leo, sin dejarme demasiado claro lo que contienen estas escasas 70 páginas, se me clava dentro. Continúo el camino iniciado con Suicidio de Édouard Levé y me rindo nuevamente, como llevo haciendo a menudo en todo este mi año bibliotecario que cada vez se acerca más a su fin, al asalto de las lecturas azarosas que se abren paso hacia mí. Sé que tengo próxima lectura. Decido escuchar la voz de Vanessa Gutiérrez.

La voz de Gutiérrez es la voz de las herederas del matriarcado (matri-arc-ado: va a ser que mi impresión inicial era certera y sí he estado leyendo a la madre, a las madres). La de las hijas, nietas y biznietas de un modelo de mujer que se va dejando atrás (en su caso muy ligado al mundo rural). La de la mujer bisagra, nadadora entre dos aguas, con un pie en lo que le han dicho sin palabras que debe ser y el otro en aquello a lo que aspira ser si es que acaso lo sabe.
«Soy la carne mestiza de dos valles: el de ayer y el de mañana».
Termino esta lectura la víspera del pasado 8 de marzo, una jornada que este año ha sido especialmente reivindicativa. Sonrío ante la humilde reivindicación que es este libro tal vez sin pretenderlo. Me gusta la idea de reivindicar a estas mujeres cuyo silencio no siempre fue sinónimo de sumisión sino en muchos casos bandera de su fortaleza, a las que lograron ser felices con menos, a las que les bastó con lo que les ofreció y quitó la vida en su momento porque «hay amor que te da amor para pasar una vida entera»; a aquellas (y aquellos) que, como le dijo a Vanessa su hermano el día en que se completó este libro, «nos dieron todo lo que fueron sin quitarnos nada de lo que somos». Por paradójico que suene, es difícil volar si no se tienen raíces. Por paradójico que suene, hay actos silenciosos que tienen más poder que el más fuerte de los gritos. Las reivindicaciones, sin la constancia de los pequeños actos diarios, son lluvias torrenciales que se van por el desagüe. A la tierra yerma, para que florezca, hay que regarla con gotas finas y minúsculas. Eso lo sabían muy bien ellas y esta enseñanza también debería formar parte de nuestra herencia. Leo La cama, vuelvo atrás y aprendo de dónde vengo, avanzo y me asiento en quien soy.
«Aquél no es tu lugar, pero eres de allí».
He entendido.

I miss you, death makes angels of us all. Fotografía de SLR Jester





Ficha del libro:
Título: La cama
Autora: Vanessa Gutiérrez
Introducción: Martín López-Vega
Editorial: Ediciones Trea
Año de publicación: 2011
Nº de páginas: 72
ISBN: 978-84-9704-610-7
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Comentarios

  1. No es una lectura que vaya a encarar, por ahora, aunque hay aspectos que me interesan, pero venir aquí y comentar siempre me aporta. Tus impresiones, lejos de lo que se suele ver ser, nunca son un mero recorrido por el libro, son un trazado por la vida abarcando múltiples lecturas, y eso es lo que me atrae de tu espacio (lo mismo me ocurre con el de Ana Blasfuemia y alguno más), o que expongan un tema o artículo que me entusiasme.

    “Huir no es liberarse”

    “reivindicar a estas mujeres cuyo silencio no siempre fue sinónimo de sumisión sino en muchos casos bandera de su fortaleza”

    Siempre dejas frases poderosas de tu cosecha, Lorena, por eso digo que me aportas y aprendo.

    También acabo de leer a una escritora fascinante, comprometida con su género como pocas, la egipcia Nawal El Saadawi. Y además he empezado con otra autora… de Egipto con la primera, me voy al Medio Oeste norteamericano con la segunda, nada menos.

    Un placer pasar por aquí… me encanta tu tierrina asturiana ;)

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    1. Paco, ¿cuál es esa autora del Medio Oeste? Si no la conozco, me gustaría hacerlo. La literatura estadounidense es una de mis favoritas.
      Yo también me inspiro mucho con Lorena y con Ana, que, por cierto, hace mucho que no aparece por este mundo bloguero.
      Un beso desde aquí.

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    2. Te veo en buenas manos, Paco. O más bien son las autoras a las que estás leyendo las que están en buenas manos contigo. Así que te 'disculpo' que dejes pasar de largo a Vanessa Gutiérrez. Lógicamente no puede leerse todo aquello de lo que se tiene noticia, si bien es cierto que el tener pinceladas de ello también resulta gratificante, al menos a mí me pasa como a ti.
      Yo también echo de menos a Ana, con la que siento mucha afinidad lectora. Además, mi regreso tras mi último parón bloguero coincidió prácticamente con su ausencia, así que hace mucho que nuestros respectivos espacios no se cruzan.
      Leer da y quita. Nos aporta cosas y también hace que pongamos las propias en lo que leemos. Imposible no dejar cosas de la propia cosecha, especialmente según con qué lecturas.
      Un abrazo para los dos.

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    3. Hola, Rosa. Por supuesto, para eso están nuestros blogs, compartir libros y experiencias lectoras. Te comento, se trata de Edna Ferber (de quien tenía un libro viejísimo por casa). Escritora norteamericana, hija de un matrimonio judío, húngaros, que emigraron a los EAU. Será lo próximo que lleve al blog... a la espera de que el descomunal catarrazo de mi pequeña empiece a remitir. Espero poder satisfacer tu curiosidad en breve, constipados mediante.
      Otro beso, cuídate.

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    4. Muchas gracias, Paco. No me suena de nada la autora, pero me atrae mucho lo que cuentas por lo que la buscaré.
      Espero que tu niña se cure pronto y poder leer tu reseña en el blog. Y que descanséis todos pues ya se sabe que niños enfermos, padres agotados.
      Un beso.

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  2. "Hay actos silenciosos que tienen más poder que el más fuerte de los gritos". Sí, paradójico, pero muy cierto. Como siempre me descubres libro y autora. Y lo voy a tener muy en cuenta.
    Besotes!!

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    1. El mundo es paradójico, como también los seres humanos lo somos muchas veces.
      Una autora, la que traigo en esta ocasión, no muy conocida, me temo, fuera de estas latitudes. Por ello me alegra saber que la vas a tener en cuenta.
      Besos

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  3. ¡Hola!
    No conocía este libro, pero tal vez me lo apunte para darle una oportunidad.
    Un saludo

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  4. Me ha encantado tu reseña, pero no sé si el libro me atrae.
    Hoy en día las camas tienen menos importancia en la vida de las personas. Ya nadie pare en su cama (no podemos dormir en la cama en que nos parieron ni parir en ella); ya nadie muere en su cama (no podemos morir en la cama en que murieron los ancestros). Ahora ya solo se duerme en las camas o se padece insomnio, también se ama y se conciben nuevos seres, pero la cama ha perdido ese carácter de objeto eterno que discurre por el hilo que une el nacimiento y la muerte de sucesivas generaciones.
    Un beso.

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    1. Lo de parir es cosecha propia, que diría Paco ;)
      Has descrito, sin haberlo leído, muy bien este libro. Ese mundo de esa cama es, casi más que el de nuestras madres, el de nuestras abuelas. Ya no existe. Pero sí existimos las mujeres que descendemos de él y que queremos cortar los lazos que nos unen a lo que representa esa cama, sin saber siquiera, en ocasiones, qué es exactamente aquello de lo que queremos renegar.
      Besos

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  5. Hola Lorena leerte es un placer, es como saboreas los libros y la pasión con la que transmites tus sensaciones eso es un arte. Esta vez la propuesta no me acaba de convencer pero sí he disfrutado con tu análisis, con las frases que destacas y sobre todo con el disfrute que se nota en cada una de tus letras.
    Besos

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    1. Es un libro atípico. No es exactamente una novela. Tampoco son relatos. Son más bien recuerdos que invitan a reflexionar y que , entre todos, van contando una historia. A mí me costó un poco entrar al principio pero al poco me cautivó y me convenció. Pero entiendo que no es un libro que apetezca en cualquier momento ni tampoco a un gran número de lectores. Me alegra saber que, por lo menos, te ha gustado la reseña.
      Besos

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  6. A Vanessa la tengo pendiente desde hace un montón y no termino de ponerme con ella, cuando presentó La cama creo que fue en La buena Letra, estaba decidida a leerlo cuanto antes, pero se me colaron otros delante, espero ser más decidida de esta vez. Besinos.

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    1. Nos pasa a todos, Mar. Creo que ingresamos más en la lista de pendientes de los que vamos sacando, y, claro, así no hay manera de ponerse al día.
      Ya me contarás si de esta va.
      Besos

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