El cielo oblicuo - Belén García Abia

No se por dónde empezar. Por el principio, apuntaréis. No lo hay. No hay principio, no hay final, todo es uno. Este libro es circular, concéntrico. Todo en él tira de ti, te sacude. Te golpea y te arrastra hacia el centro que es el centro mismo de tu propio cuerpo. Y duele. Y es veraz, atroz, grandioso y bello, pero duele. Y te hace sentir chiquitita y también hace que te desencojas, te expandas, alces la mirada y hagas rugir tu garganta. Pero aun así, duele. No sé por dónde empezar porque no sé cómo puedo acabar.
"Lo contrario de dar a luz es quedarse en sombra."
Ya está, primera cita. Qué curioso, con todo de lo que se habla en este libro y me sonrojo al recordarme a mí misma que suelo referirme a la redacción de mis reseñas como parirlas ("he parido una reseña", qué ingenua). Especialmente las que más me cuestan, aquellas que me niegan las palabras con las que llevar la voz del autor a vuestros ojos, para que a través de estos os empapen y resuenen en vuestros oídos. En esta, en concreto, me cuesta hasta parir las palabras que no son mías, las que me son dadas. Os las regalaría todas, y no puedo. Las callaría entonces, para no escindir unas de otras, para no correr el riesgo de que al soltarse la mano pierdan parte de su significado. Pero no, callar no, no, no. Hay palabras que no se pueden silenciar. Hay palabras que no se deben silenciar. Se enquistan, enraízan, y su fruto muerto no pudre solo a quien lo porta. 
"Te metieron las palabras por tu hendidura, eres como una gran hucha, una hucha con forma de cerda, ellas saben cuándo te van a abrir, saben cuándo te van a comer, te separan las piernas, abren tu hendidura y te meten las palabras una a una; se deslizan por tu vagina, se enquistan en tus ovarios.
Tus miomas son palabras que te metieron por tu hendidura cuando eras pequeña. Fue tu madre la primera. Fue tu profesora. Fueron tus hermanas. Tus amigas del colegio y finalmente fuiste tú. Aún lo haces. Te sientas en el bidé, abres tu vulva y metes palabras que se acabarán enquistando."
Las palabras de Belén García Abia son fogonazos. Proyectiles de piedra certeros y de fuerza desmedida que causan una onda expansiva. Piedras de cantos afilados que cortan y desgarran. Y desangran. Las palabras de Belén García Abia hieren y son una revelación. Pero la herida y la verdad no proceden solo del exterior, nos empujan desde dentro, nos arrollan como un tren abriendo túneles a su paso. Llegan de nuestras entrañas, de nuestros adentros, de nuestro centro que es nuestra mayor debilidad y nuestra mayor fortaleza.

Yo recojo sus palabras, al dolor hay que abrazarlo (sí, sí). Una vez superado el rechazo y la impotencia hay que mirarlo a la cara, conocerlo, rendirse sin claudicar. Al dolor hay que abrazarlo, sí, como abrazamos nuestro cuerpo ovillado, apretándonos, balanceándonos. Al dolor hay que mecerlo y acunarlo.

Las palabras de Belén (y te llamo por tu nombre, sin los apellidos solitarios que reivindicas para las escritoras, porque me refiero a la mujer, si acaso no es lo mismo que la escritora) son como contracciones. Atacan a traición y te dejan noqueada, todo tu cuerpo engullido y desmenuzado. Y piensas que no tienen fin hasta que ceden y te ofrecen un breve descanso. Y llega otra, ola salvaje de rabia que arrasa y devasta. Y vuelves a emerger resucitada del fondo hacia la superficie. Y la próxima vez esperas, llega, la tomas de la mano y la acompañas, respirando despacio y concentrada. Y confiada, porque sabes que cada instante de alivio es pura magia. El dolor es tuyo, el dolor es parte de ti. No reniegues, no rechaces. Sigue la corriente. Llegarás a puerto.

Las palabras de García Abia (te nombro así, escritora, sin nombre de pila, como a los escritores. Y me dirijo a ti, tuteándote, porque tú me has hablado a mí, a mí) son las de las escritoras que dan voz a las mujeres (escribir también duele). Quiere alejarse la autora de la denominada literatura de mujeres y reivindica "que los libros deben defenderse por sí mismos, sin clasificaciones ni etiquetas, y si me apuras, sin siquiera el autor", a lo que es contestada que "leer a las mujeres es leer nuestra voz, un deber con nosotras". Yo quiero creer lo primero, pero leyendo libros como este claudico ante lo segundo. Este libro es nuestra voz. Este libro nos da voz.
"Siempre me decía que la voz es la que nos abre el alma."
Francesca Woodman, Self Portrait talking with Vince, 1975-78, Rhode Island
Fotografía de Meighan O'Toole

"El cielo oblicuo" debe su título a esta cita de Clarice Lispector: "Sin duda, un día iba a merecer el cielo de los oblicuos, donde sólo entra quien es torcido". La leo y pienso que los torcidos son aquellos que no siguen lo preestablecido, los que se salen del 'camino recto'. Me corrige Belén García con esta otra cita esta vez de su autoría: "...ella decía que el mundo a veces nos pesa y con ese peso nos vamos doblando, nos vamos torciendo, y al morir vamos a un cielo lleno de gente como nosotros, que también, de tanto dolerles el mundo, han aprendido a andar torcidos, es un cielo oblicuo, donde sólo pueden entrar los que llevan el peso del mundo en su espalda." O tal vez no sea tal la corrección y no esté tan lejos mi primer pensamiento de lo que se desprende de estas últimas palabras. Tal vez aquellos que tienen tan claro cuál es el camino recto a seguir, el 'único', con su vehemencia, con su miopía, con su incomprensión, añadan más peso al dolor ajeno.

"El cielo oblicuo" es la voz de las mujeres silenciadas, difuminadas. De las que dejan morir su apellido con ellas, de las sirenas descamadas.

"El cielo oblicuo" son las voces que nos fueron cincelando desde pequeñas. Las que aun de adultas nos siguen martilleando con insistencia ("Te vas a casar y vas a tener hijos. Vas a tener hijos.") Son voces de mujer cargando peso sobre el dolor de otra mujer.
"Aún sin mamas, aún sin cuerpo y te lo van agrandando, te lo abren desde la vulva, para llenarlo de deseos de maternidad, deseos de normalidad."
"El cielo oblicuo" es la voz de nuestro vientre. De nuestra vagina, de nuestro útero, de nuestros ovarios y nuestra vulva. Es el coro de voces blancas de nuestros no-hijos.

"El cielo oblicuo" es la voz de las mujeres feroces. De las inconformistas, las no complacientes. De las histéricas, deslenguadas, las que gritan y rugen de dolor. La voz de las no dulces y amorosas, de aquellas que no enarbolan el sacrificio por bandera. La voz de las madres llamadas desnaturalizadas (también, también).

"El cielo oblicuo" es la voz de Belén García Abia. Y es también la mía, que prefiero doblarme de dolor y entrar en el cielo por una hendidura oblicua, que aplastar con él la voz de otras mujeres. Pero me doblaré soltando al viento mi voz, porque eso son mis reseñas, mi voz, y con ellas libero mi feroz para que las palabras enquistadas no causen más dolor.
"Escribo para no difuminarme.
Escribo para salir.
Soy yo la feroz, la que escribe.
Ésta es mi voz."




Ficha del libro:
Título: El cielo oblicuo
Autora: Belén García Abia
Editorial: Errata naturae
Año de publicación: 2015
Nº de páginas: 80

Comentarios

  1. Creo que no es una lectura para mí, pero me quedo con la primera y última frase de la reseña. Saludos!

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    1. Por lo menos te llevas algo de tu paso por aquí ;)
      Besos

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  2. Algo que te ha golpeado de esta manera tiene que ser digno de leerse; además las citas que pones me atraen muchísimo hacia la historia desgarrada que deben de contar y de la que te las has arreglado para no revelar nada. Apuntada queda.
    Un beso.

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    1. Pues no sé si es verdad eso de que no he desvelado nada. En cualquier caso lo bueno es leerlo y saber cómo lo cuenta Belén García Abia. No sé muy bien cómo calificar este libro. No tiene una trama como la de las novelas. Tampoco es un ensayo aunque los temas que toca darían sobradamente para uno. Es más bien un torrente de pensamientos y reflexiones. Espero que te guste. Indiferente sin duda no te dejará.
      Besos

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  3. Si tanto duele, si tanto sacude, no me queda más remedio que apuntarlo, que este tipo de lecturas suele gustarme. Gracias por presentármelo.
    Besotes!!!

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    1. A mí me ha llegado muchísimo. Espero que a ti también.
      Las gracias a ti, por pasarte a leer la reseña.
      Besos

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  4. Si cada reseña es un parto, te felicito por esta criatura tan lustrosa!Ciertas cosas que me dices me han picado la curiosidad, seí que enojó. 1beso!

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  5. *Maldito autoccrector... quería decir que investigaré al respecto. 1beso!

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    1. Ja ja ja. Por eso yo no lo uso, porque al final pierdo más tiempo corrigiéndole yo a él.
      Espero que tus investigaciones te lleven a una buena lectura.
      Besos

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  6. Vaya reseña, Lorena. Está claro que hay lecturas que no solo nos entretienen o nos hacen pensar, sino que nos absorben y acaban formando parte de nosotros. Creo que la autora se emocionará muchísimo si llega a leerte.
    Sabes que me interesan muchos las narraciones intimistas y en primera persona aunque en este caso temo que me acabe desbordando. En cualquier caso, un título a tener muy en cuenta.
    Saludos.

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    1. Gracias, Gerardo. Me alegra saber que te ha gustado la reseña. Sí que es verdad que hay lecturas que llegan y tocan especialmente, y esta ha sido una de ellas.
      Un abrazo

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  7. Y hablando de dolor, la fotógrafa se suicidó.

    Me quedo muy impresionada con la reseña. El título no me decía nada así que gracias por explicar. Tengo curiosidad ahora, si es sobre mujeres con demasiada presión social, de sus familias y de los hombres, tiene que ser leído porque a veces ni siquiera nos damos cuenta de los mensajes subliminales que nos bombardean con los "supuestos deberes naturales de la mujer".

    Saludos Lorena.

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    1. Un poco de eso va, Leslie. Del dolor propio, interno podríamos decir, por situaciones, y del peso que se pone a ese dolor proveniente del exterior. Sin ser consciente de ello muchas veces, es verdad, pero a veces hay que pararse un poco y replantearse ciertos convencionalismos. Y muchas veces nos dañamos entre las propias mujeres, tampoco hay que caer en la trampa de culpar de todo a los hombres.
      Besos

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  8. Yo también creo que los convencionalismos provocan mucho daño. Y acaban generando monstruos. Tu reseña me ha recordado un artículo sobre madres nocivas que leí el otro día, y se explica que solía producirse por la presión social de ser madre:
    http://elpais.com/elpais/2016/10/10/mamas_papas/1476097766_326006.html
    Un abrazo.

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    1. El germen de este libro es el de una mujer que no puede tener hijos, y luego ya se extiende hacia las mujeres que no quieren tenerlos, las que no siguen el patrón de madre ideal, etc. E indaga mucho, como tu señalas, en la presión no solo social sino del entormo más próximo, y del daño que hace a las mujeres que no son madres.
      El artículo que mencionas se centra en hijas (no entiendo por qué se excluye a los hijos varones) que no son queridas por sus madres. Me ha parecido interesante pero hay algunas cosas que me han chocado. No creo que el no sentir deseos de ser madre y luego serlo se traduzca necesariamente en no querer a los hijos. El amor de las madres (y padres), como todo amor, es imperfecto. Entiendo que haya hijos que no se sientan queridos por ellos, incluso los habrá que realmente no lo sean y abogo por la valentía de tratar ese tema, y yendo un poco más allá, estoy segura de que habrá madres (vamos a centrarnos en las mujeres ya que de ellas habla tanto el libro como el artículo) que incluso habiendo deseado serlo, luego habrán sido incapaces de querer a sus hijos. Un tema complicado y con muchos prismas bajo el que tratarlo.
      Gracias por tu aportación.
      Un abrazo

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  9. Impresionante reseña, e impresionantes citas. Yo también creo que los libros deben defenderse solos sin autor aunque claro también es verdad que leo muchos libros escritos por mujeres un poco para luchar contra ese papel segundón que dan a las escritoras los "hombrones de la literatura". Muy, muy interesante me lo apunto. Besazo y enhorabuena por tu reseña

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    1. Impresionante el libro, Laura.
      Sí, yo también creo que los libros deben defenderse por sí mismos, independientemente de que su autor sea hombre o mujer. E incluso creo que a veces el hablar de literatura femenina nos hace más mal que bien. Pero luego hay libros como este, que van tan al centro de la mujer, que... uf. Son nuestra voz y que no se apague.
      Léelo, te va a gustar.
      Gracias por pasarte.
      Besos

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  10. Buff impresionante la reseña Lorena, felicidades.
    Me ha encantado leerte aunque de momento no lo apunto, creo que es una lectura que necesita un momento distinto y una atención que en este momento no puedo dispensarle.
    Un beso y feliz finde

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    1. El libro es muy cortito y se lee rápido, y eso que yo he vuelto atrás las páginas muchas veces y he releído muchos fragmentos. Pero bien es cierto que hay que ponerle todos los sentidos y que toca. Mucho.
      Feliz finde para ti también.
      Besos

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  11. Recuerdo que llegué a este libro por la portada, porque las fotografías de Francesca Woodman y su propia vida me fascinan. Y coincido contigo en que este libro de Belén es una voz, un grito, un aullido, que inevitablemente sientes como tuyo. A mí me salió un comentario de esta lectura más blasfuemico de lo habitual, porque sí que golpea lo que nos cuenta y cómo lo cuenta. Algo más que el título debe Belén a Lispector, porque el estilo es muy Clarice. Y hay que ser valiente para eso.

    Un abrazo

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    1. Yo llegué a este libro por tu reseña, así que larga vida a las reseñas blasfuémicas. Y sí, es una voz, un rugido, te golpea en las entrañas y no te queda otra que gritar.
      Lispector me ronda. No es el primer libro sin ser suyo en el que me la encuentro. He leído un relato suyo, pero estoy segura de que mi gran encuentro con ella aún me aguarda. Que vivan las mujeres valientes.
      Un abrazo

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  12. Hola Lorena.

    También supe de este libro gracias a nuestra amiga Ana (Blasfuemia), con uno de esos comentarios que te dejan impresionados, y a decir verdad el tuyo causa el mismo efecto.

    Las mujeres siempre han tenido que ser lo que otros (los hombres, claro), querían que fuesen. La literatura ha sido un ámbito en el que muchas se han expresado sin ambages sobre sí mismas, y ahí está para quien quiera ampliar la realidad más allá del fuero masculino. Si además seguía, en cierta manera, la estela de Lispector... ya ni te cuento, adoro a Clarice.
    Abrazo!

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    1. Por muchos años hemos sido lo que los hombres han querido y esa herencia aún pesa e incluso muchas mujeres la han abrazado como propia aun sin darse cuenta. Vengo de responder tu comentario en mi entrada anterior y también nos valdría esta pequeña conversación de ejemplo para hablar de lo que consideramos normal.
      Si mi reseña te ha causado el mismo efecto que la de Ana, puedo quedarme tranquila porque he cumplido con creces mi propósito de intentar transmitir lo que es este pequeño gran libro.
      Ay, Clarice, la adorada Clarice. Espero ser pronto otras de sus adoratrices.
      Un abrazo

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  13. Vaya!! Creo que este es de los míos, no lo conocía y pinta genial =)

    Besotes

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