Instrumental - James Rhodes

Silencio, abstracción, plenitud. Letras que forman palabras danzantes, que a su vez construyen frases de hermosísima musicalidad. Luz, color, o ausencia del mismo. Frío y calor simultáneo, cosquilleo, un sostenerse sin respirar. Casi un estado de éxtasis. Y esas ganas de gritar luego, de compartir, de transmitir lo que te han dado o quitado esa combinación imposible de palabras, pero que sí, que sí, que sí,... que sí es posible, y quieres que todos se rindan hacia esa posibilidad para ti certeza incuestionable. Si lo pienso, si sustituyo letras por notas musicales, no me cuesta nada abrazar lo que James Rhodes nos ofrece en su libro de memorias "Instrumental". 
"Ahora sé que la música cura. Sé que me salvó la vida, que me mantuvo a salvo, que me dio esperanza cuando no la había en ningún otro sitio."
Mentiría si dijese que este libro me ha llevado al estado de éxtasis anteriormente citado. Un vocabulario excesivamente coloquial para mi gusto me lo ha impedido, amén de el pasar por encima sobre muchas de las vivencias narradas (lo comprendo, lo respeto). Aun así, la melódica armonía de muchos de sus pasajes y el resultado final de la obra, me han hecho tararear, seguir el ritmo con mi cabeza y mis pies, y descubrirme incluso rompiendo a aplaudir. E interrumpiendo la lectura con mis aplausos, interrumpiendo, sí, tal y como a James Rhodes le gusta que haga su público en sus conciertos.

James Rhodes es uno de los más aclamados concertistas de piano de la actualidad y también un gran renovador de la música clásica. El camino para llegar a cumplir lo que desde muy jovencito ha sido su sueño no ha sido fácil, sin embargo. El pianista británico sufrió abusos sexuales continuados a muy corta edad (violaciones, hablemos claro, como lo hace él), pero a pesar de lo que cabría esperar, no es este el tema central de sus memorias, si bien es algo omnipresente a lo largo de las mismas, al igual que, como no podría ser de otra manera, es algo indisoluble de los actos, pensamientos y sentimientos de Rhodes. 
"El acto físico de la violación solo es el principio: cada vez que me hacía aquello, parecía que él se quedaba con una pequeña parte de mí, hasta que me dio la impresión de que no me quedaba nada mío que fuese real. Y esas partes que él se quedaba yo no las recuperaba pasado un tiempo. Lo que demasiadas veces nadie denuncia, nadie examina y nadie reconoce, es el legado que le queda a la víctima." 
Y es ese legado, esas consecuencias, ese truncamiento de la infancia y por tanto del desarrollo normal al que toda persona tendría que tener derecho, lo que nos cuenta en este libro. Alcohol, drogas, autolesiones, estancias en un psiquiátrico. Un matrimonio fallido. Pero también un nuevo (y esta vez auténtico) amor, buenos amigos y un hijo que, contra natura, le ha sostenido a la vida.
"Solo digo una cosa: de niño me violaron. En el transcurso de cinco años mantuve relaciones sexuales con un hombre tres veces más grande que yo y entre treinta y cuarenta años mayor, en contra de mi voluntad, de forma dolorosa, secreta, agresiva, montones y montones de veces. Fui convertido en algo que utilizar. El dolor (físico, mental y espiritual) lo podía sobrellevar. Pero lo que no te cuentan es que las consecuencias extienden sus manos frías y tóxicas más allá de tu propia persona. Instauran en ti la firmísima creencia de que todos los niños atraviesan la infancia sufriendo de las formas más abominables, y de que nada ni nadie los puede proteger de ello. Traer a Jack a este mundo me hacía cómplice de todo el dolor futuro que con certeza iba a sufrir. El CABRÓN que me follaba no solo me había destrozado a mí, sino que ahora, también le iba a robar la infancia a mi hijo. Y la culpa era mía. Ese dolor no podía soportarlo. Ese hombre me quitó la paternidad. Y se reía al hacerlo. Esto, al margen de mis privilegios, de mi egocentrismo, del estúpido pijerío de mi vida en el norte de Londres, debería inspiraros espanto."
Y música, música, música, música,... 

boxing gloves. Fotografía de Generation Bass
La misma cercanía que aspira a imprimir a su música, con las ideas revolucionarias que caracterizan sus conciertos y su carrera, es la que destilan las páginas de su libro, y no tan solo por ese lenguaje coloquial al que antes hacía referencia. Su estilo desenfadado nos procura un salvavidas en la travesía por su via crucis particular, y su cultivado cinismo pone distancia a su dolor silenciado por años. Sospecho que este cinismo no es más que un mecanismo de defensa por su parte, una barrera que le permite continuar con la escritura (y con su vida) sin que le embargue el dolor, la vergüenza y la culpa. ¿Culpa de qué, os preguntaréis? El mismo autor nos ofrece la respuesta con la definición del diccionario de la palabra vergüenza ("Una dolorosa sensación de humillación o congoja causada por la conciencia de haber actuado mal o con insensatez"), y confiesa que dicha definición le "parte un poco el corazón".
"La vergüenza es el motivo por el que no se lo contamos a nadie. Las amenazas funcionan cierto tiempo, pero no años. La vergüenza asegura el silencio, y el suicidio es el silencio definitivo."
Pero la música, la música, la música,...

La música es capaz de salvar esa barrera, ese muro que Rhodes inconscientemente levanta a su alrededor. La música es lo único limpio que hay en su vida. Al hablar de la música clásica, de lo que significa para él, sus ideas, cómo la concibe,... ahí sí que se expresa sin censura, con una locuacidad y autenticidad inaudita. Y consigue lo insospechable al inicio de la lectura de este libro, que su lectura sea arrebatadoramente entusiasta y esperanzadora. Porque yo no sé si la música cura, como este pianista sostiene (aunque también afirma que la recaída siempre será una amenaza a la vuelta de la esquina), sólo sé que al igual que la literatura, es un revulsivo y universal catalizador de emociones (vale, sí, cura). Y también sé, tras concluir estas páginas, que es capaz de brindar esperanza. Por eso pienso que incluso aquel que se resista a interrumpir alguno de los compases de "Instrumental" con sus aplausos será incapaz de terminarlo sin una ovación final. Y por eso mismo yo sí que no me resisto a concluir esta reseña sin coronarla con la frase que Rhodes toma prestada de Charles Bukowski como título de uno de sus artículos en el Blog de Cultura de The Guardian:
"Encontrad lo que os encanta y dejad que os mate."
Al fin y al cabo (y creo que esto es algo que James Rhodes ha asumido y asimilado con todas sus implicaciones) de algo hay que morir.

Piano. Fotografía de Eunbyul Sabrina Lee



Ficha del libro: 
Título: Instrumental
Autor: James Rhodes
Editorial: Blackie Books
Año de publicación: 2015
Nº de páginas: 288
ISBN: 978-84-16290-43-7



Siguiendo la misma pauta que en sus conciertos, James Rhodes ha hecho una personalísima selección de piezas musicales para encabezar cada capítulo de sus memorias, que acompaña con un breve comentario sobre los autores de las mismas y los motivos de su elección. En este enlace podeis acceder a la playlist de "Instrumental".

Os dejo también un vídeo con la interpretación de la Chacona de Bach y Busoni por el propio Rhodes, y con la entrevista que concedió al programa de TVE Página Dos.


Comentarios

  1. Buenos días, Lorena. Esta novela la leeré en un grupo de lectura guiada crítica. De momento me quedo con tu opinión.
    Un abrazo

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    1. Que la disfrutes. Las lecturas conjuntas siempre son enriquecedoras.
      Un abrazo

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  2. No termina de llamarme, sobretodo por la temática tan dura. Un beso ;)

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  3. Es uno de mis eternos pendientes, pero siendo sobre un pianista, aunque muy duro, creo que caerá pronto.
    ¡Besos!

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    1. Es cierto que cuenta cosas duras, no podría ser de otra manera con lo que le pasó. Pero sus pinceladas sobre las obras y los compositores que elige para cada capítulo, y su reflexiones sobre la apertura de la música clásica al público general, pienso que te van a encantar.
      Ya me contarás.
      Besos

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  4. Las violaciones y abusos sostenidos en el tiempo de niños por parte de adultos me parecen la experiencia más horrible a la que un ser humano puede enfrentarse. La brutal intromisión en la intimidad física y psíquica que supone y la repetición que, como dice el autor, te va robando partes de ti mismo que jamás recuperas, así como las consecuencias que se demoran en el tiempo y trascienden para pasar a tu entorno (hijos, pareja, amigos) son el mayor crimen a que se puede someter a alguien.
    Tu reseña es fabulosa. La novela tiene pinta de ser dura, pero creo que, a pesar de el lenguaje demasiado coloquial de que hablas y de que no nos lleve al éxtasis, debe merecer la pena. Al fin y al cabo, es difícil encontrar muchas lecturas que nos lleven al éxtasis, si nos salimos de los clásicos.
    Un beso.

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    1. Una infancia truncada y por ende también una vida adulta.
      Tiene párrafos magníficos este libro, como algunos de los que he dejado aquí, y luego de repente el autor cambia de registro y eso hace que en parte esté metiéndome y saliéndome del libro constantemente. Los que me leéis habitualmente ya sabéis que me gusta leer sin red, y aquí en muchas ocasiones me la han puesto, aunque probablemente sea más acertado decir que James Rhodes se la pone a sí mismo. También sabéis que valoro muchísimo la generosidad de quien se abre en canal y se cuenta en lo que escribe. Escribir es exponerse y no solo a uno mismo sino también a gente que ha pasado o aún está en tu vida. Por eso digo en la reseña que comprendo y respeto hasta donde haya querido contar el autor. Y más que el qué ha contado creo que es cuestión de el cómo lo ha mostrado. Lo que sí está claro es que este libro es un canto de amor a la música clásica, y ahí sí que Rhodes consigue contagiar su absoluta entrega y entusiasmo.
      Libros que nos lleven al 'éxtasis', como bien dices hay pocos y a cada uno nos llevará a ese éxtasis lecturas diferentes. Por ello mismo en lo que no estoy de acuerdo contigo es en que haya que recurrir principalmente a los clásicos para ello.
      Me alegra que te haya gustado la reseña y espero que el libro te guste aún más si lo lees.
      Besos

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    2. No quiero decir que solo los clásicos te lleven al éxtasis. A mí me llevan también algunos contemporáneos. Lo que quería decir es que con ellos es más probable encontrar ese tipo de obras. Estaba pensando en Henry James y Edith Wharton, que ahora están muy presentes por el reto de Carmen. Aunque, por supuesto que es muy personal y cada uno encuentra el éxtasis en obras muy diferentes.
      Un abrazo.

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    3. Te he entendido ;) Es que me gusta reivindicar la literatura contemporánea y pensar que algunos de los libros que se escriben hoy mañana serán un clásico.

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  5. Estoy de vuelta del parón vacacional y me encuentro con cambios en tu blog. Yo también ando siempre queriendo cambiarlo pero no encuentro tiempo nunca.

    Este libro lo tengo pendiente, al igual que estrenarme con la editorial. De hecho en casa tengo un libro de la misma desde hace mil, y nunca le llega el turno ...

    bsos!

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    1. Llevaba tiempo planteándomelo pero sin decidirme y al final, como casi siempre, aproveché el regreso de mi propio parón bloguero aunque no vacacional para ponerme a ello.
      Yo me estrené con la editorial con este. Tenía ganas a ambos porque tenía buenas referencias de los dos. Ya ves que no me ha ido del todo mal así que a ver si te animas.
      Besos

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  6. Un libro duro, por lo que cuentas. Habrá que encontrar el momento idóneo para su lectura.
    Besotes!!!!

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  7. Me produjo sensaciones muy parecidas a las que comentas, sobre todo con ese tipo de lenguaje y ligereza (que no es tal). Especialmente agradecí esas entradillas hablando de compositores a modo de desmitificación. Un libro tremendo a ratos.
    Besos

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    1. Ligereza desde luego no la hay. Y sí, Rhodes se ha propuesto acercar la música clásica al público general y sin duda este libro, con detalles como el que comentas, es una buena muestra de ello.
      Besos

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  8. Qué interesante!
    Me lo llevo, no lo conocía =)

    Besotes

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  9. Quiero hacerme con él pero aun no he encontrado el momento. La temática es muy dura y seguramente lo pase mal, mucho más viendo la forma tan cruda en la que narra, pero creo que puede ser interesante conocer una historia así.

    Besitos

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    1. A ratos la narración se hace cruda, como en algunos de los fragmentos que he dejado aquí, y a ratos como digo el autor nos ofrece un salvavidas. Pero principalmente este libro hay que entenderlo como un canto de amor del protagonista a la música, y ese canto es esperanzador y optimista.
      Besos

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  10. Había leído otras reseñas de este libro, también alguna entrevista al autor y creo que se hacía demasiado hincapié en la parte morbosa, soslayando a la gran protagonista de sus páginas, ahora lo entiendo, que es la música y su carácter redentor, o al menos liberador, del que a mi modesto nivel también doy fe. Tengo muchas ganas de leerlo, aunque tendrá que esperar.
    Saludos.

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    1. "Me violaron a los seis años.
      Me internaron en un psiquiátrico.
      Fui drogadicto y alcohólico.
      Me intenté suicidar cinco veces.
      Perdí la custodia de mi hijo.

      Pero no voy a hablar de eso.
      Voy a hablar de música.
      Porque Bach me salvó la vida.
      Y yo amo la vida."

      Esto fue lo primero que me llegó del libro. Y sí, coincido contigo, me pareció el preludio de un libro morboso, especialmente el primer párrafo. El resto del libro no está escrito en ese tono, afortunadamente. Leí luego alguna reseña que me hizo valorar la posibilidad de leerlo, y como ya he indicado en otro comentario que tenía ganas de estrenarme con la editorial, finalmente me animé con él. No me parece un libro digno del excesivo halago que le acompaña, aún así no me arrepiento de haberlo leído. La parte de los abusos o más bien las consecuencias de los mismos que es de lo que realmente habla Rhodes, tiene párrafos magníficos pero también en ocasiones no me acaba de convencer. El final, cuando ya la música lo invade todo, me ha parecido mucho más constante. Tengo sentimientos ambiguos y encontrados respecto a este libro pero aun así mi valoración final es positiva. Tal vez porque me di cuenta a tiempo de que efectivamente su protagonista es la música clásica, y el tema de los abusos sexuales, a pesar de varias reflexiones necesarias, despista un poco.
      Ni te cuento los que tengo yo esperando. Ya me contarás si finalmente lo lees.
      Un abrazo

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  11. A mí me ha hecho llorar tu reseña. En mi trabajo recibo sentencias con casos similares. La ley condena al agresor y se equivoca uno pensando que eso, por merecido que esté, arregla algo. Quebrar un corazón así, matar la inocencia de la infancia y que no exista nadie que te proteja; me parte el alma.

    Me parece valiente de parte del autor el hablar del tema, me gustaría saber más de la relación con su hijo y cómo la música le ayudó con ese trauma. Espero que escribir el libro también haya sido una terapia puesto que seguro es animador para otras personas que hayan pasado por lo mismo. También nos sirve a las madres, el estar más atentas y alertas a nuestros hijos. Las estadísticas muestran que los agresores sexuales de niños y niñas, generalmente son familiares o amistades muy cercanas de la familia.

    Abominable ! Gracias por reseñar.

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    1. No es mi intención hacer llorar a nadie, bastante tienes con los casos de los que tienes noticia en tu trabajo. El libro, a pesar de la dureza de lo que en él se narra, no eslacrimógeno.
      James Rhodes habla del amor por su hijo pero no indaga demasiado en su relación. Como digo en la reseña pasa por encima de muchas cosas. Y entiendo que es complicado. Los nombres que da de su ex-mujer y de su hijo en el libro no son los reales, e incluso la primera quiso impedir legalmente la publicación de estas memorias. La madre también aparece en el libro pero desconocemos como vivió ella el tema de los abusos a su hijo. Él nos habla de las consecuencias de esos abusos en su vida y de música. Eso es este libro. Lo demás... tal vez recurriendo a la ficción sería más asequible de contar, no lo sé.
      Gracias a ti por leer.

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  12. Muy dura la temática y algunas de las frases que has escogido me han impactado. Este tipo de abusos me parecen abominables, como dices en la reseña y como dice el autor se llevan la infancia y marcan la existencia de esas criaturas y eso, eso es doblemente terrible porque encima del maltrato hay la culpa, la vergüenza, es lo más horripilante que se le puede hacer a un ser humano, a un niño, si el autor ha conseguido que la música lo sacara de ese pozo bienvenida la música.

    A pesar de tu gran reseña, los abusos de aquellos que son frágiles es un tema que me afecta por todo el sufrimiento que conlleva para esas personas y no sé si me apetece leerlo, tendré que buscar el momento. Gracias por compartirlo.

    Un beso

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    1. Las frases que he escogido son precisamente las que más me han impactado. Y sí, es horrible ese sentimiento de culpa que acompaña a las víctimas, y también esas vidas truncadas, porque las vidas que tenían que haber sido han sido asesinadas, y en muchos aspectos da la impresión de que las víctimas viven una no-vida.
      Bienvenida la música siempre.
      Besos

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  13. Buena reseña.
    Lo he visto reseñado en muchos blogs ya, y siempre con críticas positivas.
    Me interesaría leerlo, pero de momento yo lo dejo pasar, ahora no me parece el momento.
    ¡Un abrazo!

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  14. Creo que "Instrumental" es el libro que he comentado de una manera más extraña, y mira que mis comentarios sobre las lecturas son muy mías, ya sabes. Pero me salio solo; porque me vi a mí misma no leyendo el libro, sino contándome Rhodes la historia tal que así, en un bar y hasta arriba, ambos de alcohol.

    Tiene partes muy duras, incluso peligrosas diría yo. Y es verdad que el mensaje final no me termina de convencer. Es un libro necesario de leer, sin duda, porque obviamos muchas veces el dolor causado por algunas experiencias que jamás nadie debiera de tener. Nos compadecemos un ratito y seguimos con nuestras vidas. Pero el dolor permanece de forma brutal en esas personas...

    No sé si la música (como el mar, los libros o tantas cosas bellas) cura. Posiblemente no. Estoy más en tu línea de pensar que es un revulsivo, un motor. Sanar... corresponde a cada cual.

    Un abrazo

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    1. Recuerdo perfectamente tu reseña, una de las causantes de que este libro llegase a mí.
      Ciertamente lo que le pasó a Rhodes y a tantos otros niños es algo irreversible. Superarlo para ellos no es dejar atrás el dolor sino aprender a convivir con él. Sus reflexiones acerca de ese dolor que como bien dices permanece brutalmente en ellos son de lo mejor del libro. También me han gustado sus reflexiones sobre la música. Y pienso que este libro es precisamente eso, magnífico en sus reflexiones, pero tal vez cojee en cómo hilvanarlo todo para darle cohesión. Al igual que tú opino también que merece la pena leerlo, de lo contrario no le habría hecho un hueco en el blog. Hace ya tiempo que no me molesto en reseñar las lecturas que me parecen prescindibles.
      Sanar corresponde a cada cual y tal vez ni eso. Lo roto, roto está. Lo que sí podemos es encajar las piezas y reconstruirnos. Hay quien consigue de ello auténtica belleza, tú ya me entiendes.
      Un abrazo

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  15. Hace tiempo que me apetece esta lectura. Un testimonio de vida que creo que merece la pena conocer.
    Un besin

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    1. A pesar de los peros que tiene esta lectura, sin duda merece la pena acercarse a ella. Espero que la disfrutes.
      Besos

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