Una letra femenina azul pálido - Franz Werfel

A veces el pasado viene a buscarnos. Nos silba, nos hace un guiño. Un detalle imperceptible para los otros que para nosotros se presenta cargado de significado. Algo que se cuela por las invisibles grietas de nuestra inmutable apariencia y que nos enfrenta abruptamente con quienes fuimos. Qué lejano ese yo del pasado. Qué ingenuo, qué absorbente, qué inoportuno. Nuestro yo presente no puede permitirse el lujo de presentar su joven yo a su actual vida: hola familia, hola compañeros de trabajo, hola sociedad, este es mi antiguo yo. Caras de rechazo y confusión. No encaja, no pertenece, esta no es su vida ni su lugar. ¿A qué habrá venido? ¿Qué querrá? ¿Qué nos reclamará?
"¿De dónde venía aquel terror indigno e incomprensible que sintiera minutos antes cuando esa carta lo miró de pronto fijamente entre toda su correspondencia anodina? Era uno de esos terrores que provienen de los inicios de la vida. Uno de esos miedos que no debe ni puede sentir un hombre que ha llegado a la cúspide y casi ha completado su trayectoria."
Portada de Una letra femenina azul pálido
Una carta es la que lleva al yo pasado de Leónidas al encuentro con su yo presente, una carta escrita por una letra femenina azul pálido que Leónidas reconoce de inmediato. Leónidas ocupa un alto cargo como funcionario en el ministerio de Educación y Ciencia en Viena y la remitente se dirige a él cordial, respetuosa y educadamente solicitándole ayuda para que un muchacho alemán de dieciocho años pueda estudiar en la capital austriaca. León recuerda una relación con esa mujer menos distante y sí más íntima, amorosa y apasionada. No necesita hacer cuentas para preguntarse (pues esa relación pasada y pasajera ha anidado en su interior) si acaso el muchacho para el que es inquirida su ayuda no podría ser un hijo suyo hasta entonces ignorado.

León proviene de un origen humilde. Toda su meteórica carrera se ha ido escalonando sobre la suerte aprovechada y la oportunidad ofrecida y no desdeñada. Casado con una mujer de acaudalada familia y ostentando un cargo influyente, se ha amoldado a su vida de nuevo rico con un mimetismo asombroso y digno de elogio. Se desenvuelve socialmente con escrupulosa perfección, pero la carta recién recibida hará que surjan las inseguridades y que se sienta en parte un impostor ocupando una posición y una vida que no le corresponden. Teme que todo lo que ha conseguido comience lentamente a desmoronarse.
"Yo personalmente, por ejemplo, no debo mi meteórica carrera a ningún atributo excepcional, sino a tres talentos musicales: un oído muy fino para detectar las vanidades humanas, un gran sentido del ritmo y -éste es el más importante de los tres- una capacidad de imitación extremadamente acomodaticia que, sin duda, tiene sus raíces en la debilidad de mi carácter."
El funcionario ministerial ha causado en mí una antipatía profunda. Pensé que esta se iría difuminando a medida que avanzara en la lectura pero no ha sido así. En algún momento esta se ha rebajado e incluso al cercarse el final me ha llegado a inspirar pena pero la antipatía sigue ahí. Y soy indulgente con los personajes, aunque no comulgue con ellos. Perdono sus debilidades, disculpo sus actos de cobardía, abrazo sus inseguridades. Pero es que nuestro protagonista además de todo esto cultiva la hipocresía con fino arte. Tanta fachada, tanta falsedad, ya me cuesta un poquito más de disculpar, porque cuando se quita uno la careta los débiles cimientos que hay detrás se desvanecen y no dejan ningún sostén al que aferrarse.
"En su terso rostro las rutas de acceso a la vida no estaban obstruidas ni vacías, sino que eran alegremente transitadas. Por ellas se pavoneaban sonrisas de todo tipo, de amabilidad, de burla y de buen o mal humor, así como la mentira en todas sus versiones."
Bow Tie. Fotografía de chrstphre campwell
Y a pesar de tanta antipatía no me queda otra que proclamar las bondades de esta exquisita y breve novela que nos dejó de regalo Franz Werfel. Exquisita es la prosa de este autor, que me ha recordado a la de su coetáneo Stefan Zweig, y es ella la que nos lleva, nos envuelve y nos permite asistir maravillados a cómo evoluciona esta historia hasta coronarse con un soberbio final. Por ello he disfrutado de una narración que se sustenta en el personaje del frívolo y encorsetado Leónidas. Le acompañan dos consortes magníficamente retratadas como son su esposa y su antigua amante, pero todo se relata desde la perspectiva del funcionario, recurriendo a la tercera persona y dejando en muchas ocasiones paso a reflexiones en propia boca del protagonista a través de las cuales podemos comprobar como la culpa le atenaza y mortifica.

Si alguno de vosotros se pregunta por el motivo de que el autor austro-checo eligiese a un personaje tan aparentemente poco apetecible como protagonista de una de sus novelas, le diré que el impecable, elegante y siempre correcto Leónidas no es más que el retrato de una sociedad y una época. Una Viena cúspide de la cultura europea, una Alemania que comienza a temblar y contagiar a los países a su alrededor (el chico alemán para el que se solicita ayuda es de origen judío), el final de centroeuropa tal y como era conocida y el principio de una nueva época.

Todo es un efecto dominó en el que el empuje de una ficha lo echa todo a rodar. Así opera esa letra femenina azul pálida en León y así obra también la prosa de Werfel en nosotros. Ese azul pálido me transmitió reminiscencias de algo suave, elegante, cadencioso, también sutil, y tal vez la mano femenina creadora de esa letra contribuyera a reafirmar esas impresiones. Reconozco que lo del título fue amor a primera vista y la preciosa portada el alcahuete perfecto. Tras el idilio aquí os lo dejo por si alguno lo quiere recoger por tentarle descubrir cómo se maneja el cincuentón Leónidas con su culpa y si decidirá aprovechar la oportunidad de redimirse que le ofrece su yo pasado. Yo aquí me quedo pensando si recibiría de buen grado al mío propio o si aquella que alguna vez fui vendría a aprobarme o a reclamarme. O mejor me dejo de tanto pensar y me dedico a vivir de verdad. Solo así se obtienen ganancias para saldar las deudas pasadas.
"¡Qué atroz manía de funcionario esa de buscarle motivaciones a todo, de fundamentarlo todo! ¿No reside acaso la verdadera vida en lo imprevisto, en la inspiración del instante? Corrompido hasta la médula por el éxito y el bienestar, ¿no se le habría olvidado a sus cincuenta años lo que era vivir de verdad?"
Roses 2. Fotografía de Allan Henderson


Ficha del libro:
Título: Una letra femenina azul pálido
Autor: Franz Werfel
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 2015 (1941)
Nº de páginas: 144

Comentarios

  1. No me importaría nada leerlo. Me gusta lo que cuentas.
    Un beso ;)

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  2. Así es, la memoria es la lengua que siempre va a dar a la muela que más duele. Muy buena tu reseña. Anotada queda.
    Besos!

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  3. Hola:
    Dices que te ha recordado a Stefen Zweig, yo, según leía tu reseña, pensaba en Sandor Marai y en Joseph Roth. Esa Europa de entreguerras y esa manera de escribir, reposada y, me atrevería a decir, burguesa o aburguesada me encanta.
    Te agradezco que me hayas dado a conocer un título y un escritor que desconocía. Otro que va a la lista de espera.
    Un beso

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    1. Yo lo conocí por Carmen Forján, que comentó que lo iba a leer. Me quedé prendada del título, indagué de qué iba y a por él.
      La forma de narrar de Werfel la he sentido así tal y como la comentas. No he leído a los dos autores que mencionas pero sí que me ha recordado a Zweig, por la elegancia y esas frases que envuelven, y supongo que también por la Europa de la época.
      Espero que lo disfrutes cuando le llegue su turno.
      Besos

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  4. Aun no me he estrenado con Zweig pero tengo ganas, si me gusta quizás me anime con este también.

    Besitos

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    1. Zweig tiene una obra extensísima y gran parte de ella son relatos, así que no te costará hacerle un hueco.
      Besos

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  5. Esta sí que me la apunto. Me ha resultado muy atractivo lo que cuentas de la historia, la época y ese terrible final que apuntas. Si además es del estilo de Stefan Zweig, no hay más que hablar.
    Un abrazo.

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    1. Yo no diría que el final es terrible, sí me ha gustado mucho esa pequeña lección que le da el autor a Leonidas, pero claro, no puedo explicar más sin estropearte la lectura.
      A mí me ha recordado a Zweig, claro que tampoco soy ninguna experta en literatura ni en estilos narrativos como saber si realmente se parecen.
      Un abrazo

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  6. Otro autor que no conocía y al que toca apuntarse.
    Un abrazo.

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  7. No lo conocía, ni al autor.
    Pinta muy bien, no me importaría leerlo =)

    Besotes

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  8. No conocía al autor. Y desde luego tu reseña invita a ponerse con él. A ver si lo encuentro en la biblio.
    Besotes!!!

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  9. hola! otra que correra a la biblio, algo he leido de el y se me escapa el nombre.Ya os contare, que encuentro porque seguro que te anoto como pendiente.gracias por tu magnifica reseña, Lorena! besosbuhos.

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  10. Yo tampoco lo conocía pero después de lo que cuentas me lo llevo apuntado que este tipo de historias me encantan. Un beso

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  11. Cuando has expuesto el argumento ya me habían venido a la mente Zweig o Marai. Puede que en esa literatura de entreguerras haya bastantes puntos en común, como explica Juan Carlos. De esta novela me interesa su aparente intensidad, todas esas pasiones, como lector, me conmueven.
    Gracias por la sugerencia, Lorena.
    Un abrazo.

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    1. Sí, como comentaba con Juan Carlos, no solo la narración, sino también el contexto social e histórico que subyacen a la trama, llevan a hacer esas asociaciones.
      El protagonista se esfuerza en mantener a raya cualquier atisbo de intensidad. Lo que sin duda no podrá controlar son los conflictos internos que le surjen.
      Espero que te guste si lo lees.
      Un abrazo

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  12. Ostras Lorena, me ha encantado como has escrito la reseña. Ha sido una pasada leerla, de verdad. El autor no lo conocía y me lo llevo apuntado. No sé si me gustará tanto el libro, como haberlo conocido a través de tu entrada.
    Un beso.

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    1. Gracias, Lurdes. Seguro que disfrutarías mucho más el libro.
      Besos

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  13. Conforme te iba leyendo yo también pensaba en Zweig, del que he leído poco pero me ha gustado. Me anoto a este otro autor y, sobre todo, este título (que también me ha encantado), que creo que puede gustarme mucho.

    bsos!

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  14. Me ha encantado tu reseña Lorena, de hecho ya me lo he apuntado para leerlo.

    Encima varios haceis referencias a un estilo similar al de Zweig o Marais y justo yo hace unos días he leído a Zweig y su precioso Carta de una desconocida, que me ha encantado y antes con El último encuentro de Marai.
    .
    Y encima para más casualidades justo estoy escribiendo un relato, aun inacabado sobre el pasado cuando de repente vuelve a aparecer, así que no puedo dejar de leerlo.

    Un beso

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    1. Parece que con tanta coincidencia no te queda otra que leerlo. Ya me contarás.
      Besos

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